Libros. Siempre libros.


Mi hermana Mar se presentó el otro dia con una caja llena de cosas de la casa de mis padres. No había tenido tiempo de abrirla hasta hoy. Son libros de cuando era pequeño. Libros de los 80 que, como el petroleo y las rocas, están adheridos a mi. Aunque casi los había olvidado, al revisitar sus páginas me he visto leyéndolos hace casi 30 años. Quería compartirlos con vosotros.

Son recuerdos de páginas visitadas mil veces.

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Un mundo de colores que estimulaba mi curiosidad.

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Un espacio para la imaginación. Para la fantasía.

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Legajos de tapas duras, casi mágicos, que me invitaban a construir, a crear.

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El nacimiento de muchas amistades que me acompañan todavía.

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Una forma de conocer las grandes historias. Las de los héroes de verdad.

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Páginas impresas de humor y de “están locos estos romanos”.

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Rellenas de nuevas ideas, de creatividad.

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Unidas a mi mundo, a mis recuerdos,  desde hace 30 años.

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Colmadas de recuerdos que revivo como si fuera hoy cuando construí aquel futbolín.

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O cuando hice aquella llave que me dio la medalla.

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Un mundo de preguntas y respuestas que le “enseñaba” a mi abuelo ferroviario.

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Un mundo de pasiones, de ilusiones. De lagartos gigantes.

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Mi vida está en los libros que leí de pequeño.

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En los poemas que quizás no entendí. O quizás si.

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En los lugares que visité antes del sueño.

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En el mundo que conocí gracias a mis padres, a mis tía, al resto de mis mayores.

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Quizás yo era un niño normal, pero estos libros me hicieron especial.

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Y cuando viajé a Londres la primera vez, seguro que me acordé de esta portada.

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Y aunque parezca mentira, mi primer ordenador llevaba este libro de instrucciones. Lo devoré.

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Los libros son GRAN parte de mi vida. Una fundamental.

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Gracias Mamá, Papá, Tía.

Gracias.

PD: Me escribe mi madre y me dice esto:

Casi todos los compré en la Librería Espronceda en la calle del mismo nombre, Madrid. Muy cerca de mi trabajo. Seguro que la recuerdas (también cerca del la consulta del Pediatra) Alguno hay que te regaló la TIA, otros los compramos en El Retiro, Feria del Libro, íbamos todos los años..¿Recuerdas? ¡ Cuídalos porque a tu hija también le gustarán! Besicos, hijo.

Mirando a una mujer



"A ratos, de algún vehículo asoma una cabeza masculina y un instante los suyos se encuentran con unos ojos varoniles que le miran los pechos, las piernas o el trasero. Esas miradas. Está esperando un hueco que le permita cruzar y una vez más se dice, como ayer, como anteayer, que está en tierra dominicana. En New York ya nadie mira a las mujeres con ese desparpajo. Midiéndola, sopesándola, calculando cuánta carne hay en cada una de sus tetas y muslos, cuantos vellos en su pubis y la curva exacta de sus nalgas. Cierra los ojos, presa de un ligero vahído. En New York, ya ni los latinos, dominicanos, colombianos, guatemaltecos, miran así. Han aprendido a reprimirse, entendido que no deben mirar a las mujeres como miran los perros a las perras, los caballos a las yeguas, los puercos a las puercas.

Leyendo “La fiesta del chivo” de Mario Vargas Llosa.