El dichoso cartel


A mí me gusta. Ni me pagan por decirlo, ni gano nada por ello. No estoy en el negocio del arte, ni en el del diseño. Simplemente, como un ciudadano más, lo vi y me gustó.

Mi opinión, simplemente, es una más. No repruebo a los que lo han criticado tildándolo de basura o de ridículo. La opinión es -espero- como el corazón: todos tenemos una.

Sin embargo, nunca he entendido esa cainita y española (sic) costumbre de criticar todo. De hecho, quizás vaya a defender el diseño del cartel con este post por eso. Y ojo: no me molesta la gente que cree saber mucho de casi todo y opina en consecuencia. Es bastante probable que yo sea uno de ellos.

Lo que sí que me indigna es esa gente que va a hacer daño con su crítica. Ve el cartel, comprueba que el autor no es un amigo o conocido al que pueda proponer algún negocio y se lanza a una virulenta campaña online y offline para denostarlo y hacerle ver a todo el mundo lo malo que es. El mundo ya es bastante jodido para que haya gente, autoproclamados gurús de la nueva tribu, esa que llaman el 2.0, cuyo único trabajo sea decir lo bueno que es lo suyo y lo malo que es lo de los demás. Es muy triste ver cada noche como vuelan las puñaladas entre deteminadas personas que parecen haber nacido en una guerra permanente. ¿De verdad merece la pena?

Sobre el cartel: No tenía el gusto de conocer al autor. Me presentó a Severo Almansa el ciezano Pepe Lucas en Fitur y estuvimos hablando de lo que había creado. Me pareció un tipo amable e inteligente que había diseñado un cartel majo y sin más pretensiones que ser distinto a lo de otros años. Me dijo que su simpleza sirve para resaltar esas pequeñas figuritas de barro “naif” (fue la palabra que usó) que, como mandaba la tradición, muchas de nuestras abuelas huertanas tenían en sus casas de Murcia. Yo recuerdo haber visto alguna en casa de mi abuela Ana. Las repartían en las fiestas y en muchas ocasiones se cocían y decoraban en las propias casas para hacer humildes regalos.

A mí me enterneció la idea. Posiblemente porque todavía recuerdo con mucho cariño a mi abuelita recientemente fallecida y cómo hacía de cualquier objeto -una estampita, un muñeco, un trozo de madera…- un pequeño tesoro. Posiblemente ese cartel resuma esa forma de vida humilde de miles de murcianos de toda la vida. Yo que sé.

Me gustó. Y como ésta es simplemente una opinión, aquí la dejo escrita con todo el respeto a las vuestras. Como debe ser.