El caso Trovan y el jardinero fiel


Viendo “El Jardinero Fiel” he pensado que me gustaría saber qué hay de verdad en la trama de esta película que denuncia cómo África se ha convertido desde hace décadas en el campo de pruebas de las farmacéuticas multinacionales para sus medicamentos dedicados al primer mundo. Si no la habéis visto, vedla primero, y luego leed el post. Cine con mayúsculas.

Muchos pueden pensar que se trata de una ficción. Pero no lo es. Sólo se han cambiado los nombres y las fechas. Aquí os dejo datos, denuncias y noticias sobre el llamado Caso Pfizer-Trovan, en el que se basa la película. La farmacéutica la conocéis. Al menos de nombre. Suministra medicamentos de todo tipo y a todo el mundo (entre ellos  la famosa Viagra) e incluso, en Murcia, donde vivo, paga todos los años unas jornadas para periodistas que organiza la Consejería de Sanidad y a las que yo he asistido en varias ocasiones. No digo que sirvan para comprarnos. Sólo digo que las paga.

Pfizer fue demandada por el gobierno de Nigeria por hacer ensayos farmacéuticos en personas vivas. De forma específica -y no lo añado para darle dramatismo al tema sino porque es verdad- los hicieron en niños. Ocurrió en 1996 en la región de Kano
Lo que se estaba probando era un fármaco contra la meningitis llamado Trovan (trovafloxacino). Antes de seguir, una reflexión: Si me preguntan si creo que hay que aprender a curar la meningitis mi respuesta -y la de todos- es que sí. Con todas nuestras fuerzas como sociedad. Pero… ¿por qué hacerlo faltando a los protocolos establecidos en la Declaración de Helsinki?

La Declaración de Helsinki que regula este tipo de prácticas establece en su artículo 5 que “En investigación médica en seres humanos, la preocupación por el bienestar de los seres humanos debe tener siempre primacía sobre los intereses de la ciencia y de la sociedad”.

El Washington Post publicó una amplia noticia en la que se incluía un informe minucioso elaborado por expertos nigerianos del Ministerio de Sanidad. Todo tras una investigación del propio periódico norteamericano y del periodista Joe Stephens. (Ole por gente como él) Para los que sabéis inglés, aquí he encontrado el artículo original de Stephens y una foto del Hospital de Kano donde se estaba tratando a pacientes con meningitis y donde se administró el Trovan a muchos pacientes.
Según la denuncia del estado de Nigeria, Pfizer incumplió varios artículos de la Declaración de Helsinki ya que “la experimentación de Trovan se hizo en  200 niños de manera ilegal y esta práctica hizo que murieran 11 y que el resto sufrieron malformaciones.” En casi todos los casos, debido a su incultura y su pobreza, ni siquiera denunciaron. Mientras se hacía público el caso trovan, la historia fue corroborada por uno de los médicos de la compañía, Juan Walterspiel, que denunció el caso a la directiva de Pfizer un año y medio después del experimento y que, inmediatamente después, fue despedido. (Según Pfizer, por otros motivos)
Mientras tanto, personas sin recursos, recluidas en poblados de un continente empobrecido por la guerra y la economía, sufrieron para que nosotros tuvieramos nuestras vacunas y medicamentos.
Lo más sorprendente del caso es que la gigantesca Pfizer no ha negado los hechos. No. Admite las pruebas y va más allá: Su defensa es que “pidió consentimiento verbal a los padres para realizar el experimento.”  La empresa afirma que sólo cinco niños murieron después de tomar Trovan y seis murieron por la inyección de otra droga. Además dicen que fue la meningitis lo que dañó a los niños y no el ensayo. Este padre, uno de los denunciantes, no estoy seguro de que no piensa lo mismo.

Imaginad la situación: Una zona como Kano, en un país pobre como Nigeria, y los médicos “buscando” familias que den el consentimiento para participar en algo como esto. La clave es una pregunta: ¿A cambio de qué? ¿dinero? ¿medicinas? ¿trabajo? ¿vacunas?
Los pacientes deben ser completamente conscientes de los riesgos cuando firman un consentimiento. Y no creo que en la África negra más profunda esta sea una noción que se pueda usar debido al analfabetismo. De hecho, creo que hasta en operaciones en el primer mundo, en nuestro país por ejemplo, es muy difícil saber si una persona firma un consentimiento médico siendo consciente de los riesgos.
En la peli “El jardinero fiel” hay una escena clave en la que explican lo del I.C o consentimiento informado. Una larga cola de personas esperando vacunas y medicamentos con tarjetas en las que aparecen estas siglas. Si no está firmado el I.C. no se le dan medicamentos. Así de sencillo.
El dato clave es que el Trovan fue probado en medio de una grave epidemia de meningitis en la zona. Si no firmabas la cartilla con el IC para las pruebas de Trovan, no te daban las medicinas para la meningitis. La película es valiente al denunciar esta historia cambiando fechas, nombres y demás… pero los hechos están ahí y no os vayáis todavía, porque queda la postdata más amarga.
¿Qué creéis que pasó tras el reportaje, el informe, la denuncia de Nigeria y el juicio?

La mayor multinacional farmacéutica, la estadounidense Pfizernegoció en abril de 2009 con el Gobierno de Nigeria un acuerdo para evitar un juicio por la muerte de 11 niños en el país africano y las secuelas causadas en decenas de ellos en el ensayo clínico de un medicamento llamado Trovan.  La compañía pagó 75 millones de dólares (57 millones de euros), para indemnizar a las familias y evitar así que la causa criminal que había comenzado en los tribunales llegase a prosperar.

Ya sabéis que se hicieron públicos los cables de la Embajada de Estados Unidos en distintos países a través de Wikileaks. Entre ellos estaban los de la que hay en Abuja (Nigeria) que revelaban cómo se llegó a ese vergonzante acuerdo y todas las maniobras que Pfizer llevó a cabo para conseguir que el fiscal general de Nigeria abandonase el asunto. Entre esas maniobras destaca el pago de detectives para investigar al fiscal y “airear sus corruptelas en la prensa.” Vaya tela.
El medicamento se aprobó en Europa y Estados Unidos. Allí se sigue usando aunque solo como un tratamiento para infecciones muy severas. La Unión Europea lo retiró porque causaba problemas.