¡Aplausos!


Me pide @rafadepaco que explique por qué aplaudimos. Éste es un blog que atiende y alimenta este tipo de peticiones (de hecho, podéis hacerlas si queréis que investigue alguna cosa que os llame la atención) así que…

¡Vamos allá!

NOTA PREVIA: Lo primero es señalar que no todos aplaudimos igual. Esta es la lista (muy acientífica, ya veréis) que he hecho:

1. Aplauso normal. 

2. Aplauso lento: Sirve para demostrar… mmm… no se cómo explicarlo: ¿Chulería? En general aplauden así los malos de la película (tipo Joker) o el que ha conseguido descubrir un misterio…

3. Aplauso americano (aplauso in crescendo) Lo inicia uno, y lo siguen todos.

En terminología cinematográfica se llama así al aplauso en el que todos aplauden a un protagonista después de que uno de ellos empiece a aplaudir lentamente. Poco a poco, otros se unen a él hasta que todo el público hace lo mismo y el «aplauso lento» se convierte en ovación.

4. Aplauso Scout. Es difícil explicarlo en una sola foto o un solo vídeo así que escribidlo en Youtube y veréis a lo que me refiero. 

Como he dicho, no es una lista muy científica. Vamos al tomate: ¿De donde vienen los aplausos? ¿Por qué tenemos esa costumbre?

Pericles aplaudía

El aplauso nació en el teatro y, probablemente, hace más de 25 siglos. Aunque no hay una confirmación clara de este origen parece que no podía ser de otra manera. En Grecia (y posteriormente en Roma) el público aplaudía en las representaciones. Enseguida os cuento algunos detalles de este tema pero antes hagamos un paréntesis para dejar por escrito una intrigante pregunta:

 ¿No se hacían representaciones antes de los griegos y romanos?  

O mejor dicho:

¿Por qué se da por hecho que nunca un humano (aunque fuera en taparrabos y viviera en las cavernas) se puso delante de un grupo y les hizo reír hasta que le aplaudieron?  

En los magníficos documentales (no me canso de recomendarlos) “La odisea de la especie” podemos ver cómo los homo sapiens de hace 30.000 ya tocaban la flauta y tenían otros instrumentos “recreativos”. En esta noticia de “La Vanguardia” lo explica bien:

…Ocho flautas de entre 30.000 y  40.000 años de antigüedad descubiertas en Alemania demuestran que los Homo sapiens que se extendieron por Europa en el paleolítico y desplazaron a los neandertales ya tenían una cultura musical avanzada

La más espectacular es una flauta de hace 40.000 años fabricada con un hueso de buitre leonado que se presenta hoy en la revista científica ‘Nature’ y que se convierte en el instrumento musical más antiguo descubierto hasta la fecha. Aunque un extremo de la flauta está roto, “el fragmento que se ha podido recuperar tiene 21,8 centímetros de longitud y cinco orificios para los dedos que permitían tocar melodías complejas”, ha informado Nicholas Conard, arqueólogo de la Universidad de Tubingen (Alemania) y primer autor de la investigación…

Leed más (si os interesa) aquí. 

Mi pregunta, a la vista de esta noticia es: ¿Qué hacían los que escuchaban al “artista” que tocaba la flauta? ¿Le aplaudían? ¿Daban golpes con un palo? ¿Cómo le demostrarían gratitud?

Hasta ahora no ha habido forma de comprobarlo empíricamente y será difícil hacerlo. Esta es la razón todos los historiadores coinciden en que los aplausos empezaron cuando empezaron las representaciones (es decir, en Grecia) pero yo creo (y es sólo una humilde opinión iletrada) que pudo ser mucho antes.

Sólo os dejo una última pregunta para que reflexionéis: ¿Os habéis fijado que los niños y algunos monos  lo hacen espontáneamente?

Volvamos a los aplausos griegos, que son los oficialmente aceptados como los primeros.

Palmadas “simpáticas”

Los griegos (y los romanos después) podían elegir distintas formas de mostrar sus emociones durante una representación: golpear los dedos, dar palmadas con la mano (plana o hueca, que se podía de las dos maneras), agitar la toga o agitar un orarium, una especie de pañuelo.

En distintos textos sobre el tema he leído que los espectadores mostraban su opinión durante la obra que estaban viendo y también sobre sus personajes: cuando les gustaba aplaudían y hacían ruido pero también pateaban las butacas (primero de madera y luego de piedra) gritaban y silbaban cuando no les gustaba el actor o el personaje que estaba interpretando.

Sin embargo, también he leído que los espectadores griegos, en las tragedias, usaban el aplauso con un significado distinto al habitual: La idea no era demostrar que la obra nos había gustado o que el trabajo del artista nos parecía bueno.Las palmas tenían que ser fuertes porque servían para hacerse daño en las manos. Había que sentir “simpatía” por el protagonista de la tragedia.

OJO PARA LOS QUE NO ESTUDIASTEIS GRIEGO!

Simpatía o “συμπάθεια” (sympatheia) es una palabra griega que significaba “sufrir juntos”, “sentir las mismas emociones” 

Así que uno de los significados del aplauso era sentir dolor, como estaba sintiendo el protagonista… Un fin casi sadomasoquista para empatizar con el que estaba sobre las tablas.

Pagar por aplauso dado

Otro de los orígenes del aplauso (o mejor dicho de la palabra “aplauso”) lo localizó en el teatro romano. Al final de la obra, el protagonista gritaba:

“¡Valete et plaudite!”

El grito servía para que la algunos entre el público, guiados por un corego (Del gr. χορηγός, que significa “jefe del coro” que era el ciudadano que pagaba la representación)  aplaudieran. Este aplauso era “organizado y remunerado”, una tradición que ha continuado hoy en día de dos maneras:

1. Con pequeños pagos para acudir a programas de televisión…como “cla”, “claque” o “claquer”

Lo de la “clá” es una costumbre habitual en los teatros europeos de los siglos XVII-XVIII en los que se cantaba ópera. Los grandes divos y divas tenían la costumbre de regalar entradas a sus  incondicionales para que fueran ellos los que iniciaran los aplausos justo en el momento en que ellos querían.  El público asistente prefería no significarse por uno u otro autor (por no quedar mal con los demás) y preferían esperar al aviso de la clá.

De hecho, durante mucho tiempo no fue “de buen gusto” aplaudir. Era de pobres. Por tanto, era algo que se dejaba al “claquer”, de ahí el nombre.

BOLA EXTRA: Durante mucho tiempo a los “claquers” se les llamaba  “alabarderos”, simulando que eran soldados que guardaban al artista.

y 2. Con los famosos viajes de “autobús y bocadillo” de la política.

En fin, lo segundo -espero- era una broma. Que no se me enfade nadie que los bocatas están bien ricos y además eso ya no pasa en esta España de riqueza en la que vivimos.

Volvamos al origen de la palabra, que me lío. Siglos después del Samosata, esta tradición de “plaudite” también se exportó a las iglesias. El primer gesto que se recuerda es el de este señor de abajo.

El de la imagen es Pablo de Samosata, uno de los patriarcas cristianos del siglo III. Al parecer animaba a su congregación a aplaudir sus sermones agitando sus ropas de lino. La costumbre se perdió después y se buscaron ceremonias mucho más solemnes aunque en muchas misas se aplaude. En la despedida de Benedicto XVI mirad que aplauso le dieron.

Así que ese es su nacimiento y esa es la “cultura del aplauso” que nos ha llegado con los siglos que han pasado desde el primero que se dio.

Eso sí,  ha ido sufriendo muchos cambios a lo largo del tiempo: Por ejemplo, en un concierto de clásica, actualmente lo lógico es aplaudir en el fin de la obra pero no fue siempre así. He preparado un grupito majo de  bolas extra aquí abajo que os van a gustar. ¡Gracias por leerme!

BOLA EXTRA PRO y ANTI-APLAUSOS:

  • Los teatros de Berlín y otros lugares del mundo prohíben el aplauso durante el espectáculo y antes de la bajada del telón.

  • Aplaudir durante una sinfonía se considera actualmente una falta de etiqueta. (En éste post se puede ver claramente cuando hay que aplaudir y cuando no) Sin embargo, en tiempos de Beethoven sí se hacía y de hecho gustaba mucho a los músicos. Se cuenta que Ludwig Van “escribía contundentes cadencias para ganarse así el aplauso”.

  • Existen pruebas de que el mismísimo Brahms se quejó por escrito porque nadie aplaudió en el estreno de su primer concierto para piano.

  • En China a menudo se aplaude a los visitantes como signo de bienvenida y la costumbre es devolver el aplauso.

  • El aplauso más largo de la historia ocurrió en 1991 y lo consiguió un español, Plácido Domingo, tras la interpretación de Otelo en Viena. El público aplaudió unos asombrosos 80 minutos sin parar. El tenor español tuvo que salir a saludar 101 veces.
  • Y como colofón:  El récord mundial de aplausos en un minuto (si, existe) lo tiene este tipo… 721 aplausos, impresionante.

¿Qué tiene que ver Beethoven con el día D?


¿Pudo el genial Beethoven (De quien el Catedrático Eugenio Trías piensa que pudo decir “la música soy yo”) haber estado presente en el desembarco de Normandía (La operación más decisiva de la segunda Guerra Mundial)? ¿Le silbaron las balas en los oídos como a los miles de soldados que desembarcaron en las playas Omah, Juno, Utah…? ¿Se escondería detrás de algún parapeto mientras disparaba un rifle semiautomático M1 Garand?

Ya se que pensáis que es imposible. Pero… ¿Y si no lo es? Me encanta este tipo de preguntas. ¿Las resolvemos juntos? Seguid leyendo.

¡Que no! Que no se me va… no os preocupéis. Ya sé que a Beethoven no lo vamos a encontrar entre los soldados que desembarcaron el día D por mucho que busquemos entre las fotos de archivo de las lanchas que llegaron a la playa. Eso es imposible por una cuestión de fechas.

BOLA EXTRA: Sé que el tema es buscar a Beethoven y que no lo encontraréis en las fotos, sin embargo, os recomiendo las impresionantes imágenes que tomó el dia D Robert Capa. Al húngaro le debemos algunas de las mejores instantáneas de aquel día porque bajó con los primeros soldados que tomaban una de las playa. En un fragmento de sus memorias resume muy claramente lo cerca que estaba de sus fotos:

“Terminé las fotos y sentía el mar helado en los pantalones. Con poca convicción, intenté alejarme de mi poste de acero, pero las balas me hacían retroceder una y otra vez. Delante de mí, a cincuenta metros, uno de los tanques anfibio medio quemado sobresalía del agua, ofreciéndome mi siguiente refugio… entre cuerpos flotantes logre llegar hasta él, me detuve para hacer algunas fotos más y junté fuerzas para saltar a la playa por última vez….. Saqué mi segunda cámara Contax y empecé a hacer fotos sin levantar la cabeza… Mis fotos estaban llenas de humo de metralla”

En fin, volvamos a la búsqueda de Luwding. En cuerpo, está claro que no estuvo allí (murió en Viena un lluvioso 26 de marzo de 1827) pero… ¿y en alma?No os asustéis. Éste no es un blog de parapsicología. Me refiero a su obra, a su música eterna.

Si sabéis solfeo quizás podáis leer este pentagrama. Si no sabéis, os diré que estamos ante un original del puño y letra del propio Beethoven y quizás ante una de las obras más famosas de la historia de la música. Dejemos que sea la “Symphonieorchester des Bayerischen Rundfunks” la que interprete estas notas dibujadas por el genio.

Impresionante ¿verdad? Es la Quinta sinfonía de Beethoven.  Así la conocemos los que somos “gran público” de la música clásica. Sin embargo, lo correcto es llamarla “Sinfonía Nº 5 en do menor, op. 67”. La compuso entre 1804 y 1808 y aunque tiene cuatro movimientos (allegro de sonata,  andante y un scherzo en dos partes) sin duda, su sonido más característico es ese “ta-ta-ta-taan” repetido dos veces:

Beethoven symphony 5 opening.svg

No os perdáis: este sonido es el que nos va a llevar directamente a la presencia de nuestro amigo Ludwig en las heroicas playas de Normandía. Pero antes necesitamos recordar a otros dos genios modernos: los inventores del código Morse. Sí, he dicho dos: Vail y Morse.

BOLA EXTRA DE RECONOCIMIENTO A UN CURRITO: Quizás no os suene pero el famoso código NO fue “inventado” por Morse. Fue desarrollado por Alfred Vail mientras estaba trabajando con Samuel Morse en la creación de un aparato que luego sería el telégrafo eléctrico. Vail fue el que inventó el “lenguaje” que asigna a cada letra un código de rayas y puntos. Al parecer, Morse fue el que vio negocio en la idea de Vail y, sobre todo, el que corrió más rápido a la oficina de patentes. Éste es el alfabeto original que se presentó como el “Código morse internacional”

Imagino que no necesitáis que os explique cómo va. Para eso ya están los scouts y el ejército (Aunque no se si en la mili hicisteis prácticas con esto)

El MORSE son puntos y rayas que se pueden transmitir con un telégrafo, con pitidos, golpes, luces… y cualquier cosa que sirva para articular los puntos y las rayas. Durante la segunda guerra Mundial se usaba -y mucho- para la comunicación entre soldados, posiciones, barcos y aviones. En esta foto podéis ver a un operario enviando (o recibiendo) un mensaje en dicho código.

Y una vez explicado todo esto llegamos a Beethoven en pleno desembarco de Normandía.

Lo primero es que el soniquete de su quinta sinfonía, ese impresionante “tatatataaaaaaan”,  podía leerse en MORSE y tenía un precioso significado cuando sonaba en la radio o se veía a través de señales de luz.  De hecho, los boletines horarios “para los amigos de Europa” de la radio de la BBC  empezaban con ese sonido: “TAN-TAN-TAN-TAAAAN”

Y… ¿Qué era ese TAN-TAN-TAN-TAAAAN? ¿Qué mensaje oculto conllevaba? Algunos -seguro- ya lo habéis pillado.

BOLA EXTRA RADIOFÓNICA: Se me ponen los pelos de punta al oírlo y quiero compartirlo con vosotros: Aquí podeis oir una grabación auténtica de la BBC de esa época EN PLENO DESEMBARCO. Viva el periodismo de la BBC.

Después de disfrutar de ese alucinante testimonio, os desvelo el misterio: Las cuatro primeras notas de la 5ª Sinfonía de nuestro amigo Beethoven eran, traducidas al MORSE, el siguiente mensaje:  “Punto-punto-punto-raya” en Morse.

La letra “V”. La V de la Victoria.

Los soldados, sobre todo los veteranos, se sabían el código MORSE de memoria -podía salvarles la vida- y al escuchar esas cuatro notas, algo les recorría el cuerpo entero: Victoria. Hoy he visto la sensacional “El día más largo” de Zanuck y en ésta breve escena lo explican mejor que en todo éste post. Minutos antes del desembarco, un soldado veterano le explica a uno joven lo del “tatatataan” cuando ven pasar las luces de los aviones sobre su barco.

Quizás hoy, en la comodidad de nuestros sofás y nuestros Ipads, leyendo este blog de culturilla (sic) y curiosidades, no entendamos la necesidad de levantar su ánimo que tenían aquellos hombres y mujeres que liberaron Europa de los nazis. Quizás hoy sea imposible entender que esas cuatro notas les hacían levantar la cabeza contra las balas y el fuego de los que querían una Europa aria y nacionalsocialista. Pensadlo unos segundos nada más. E imaginad una radio vieja, o un avión pasando sobre vuestras cabezas con ese breve mensaje….

TA-TA-TA-TAAAAAAAAAAAAAN.

¿Lo entendéis ahora?

BOLA EXTRA de POST DATA:   El Capitan Wood, El Mayor John Howard y Georges Gondrée brindan en una mesa al lado del puente “Pegasus” en 1946. Algunas crónicas históricas cuentan que el Café de Gondrée fue el primer edificio liberado el Día-D.