Ozymandias


Acabo de ver “A Roma con amor” de Woody Allen. Ya os dije en un post antiguo que Roma es una de las ciudades en las que viviría sin dudarlo. Sin embargo, hoy no quiero hablar de Roma sino del término “Ozymandias Melancholia” que se usa varias veces en la peli. En esta escena lo podéis escuchar en la voz de Alec Baldwin.  (no lo encuentro en castellano)
La frase textual que usa el actor es “Todas esas ruinas me deprimen, me hacen caer en una Ozymandias Melancholia.”
El término también lo usa en la peli Stardust Memories (Que se llamó en España  “Recuerdos”) lo podeis ver en el minuto 1:40, aunque para entender algo es mejor verlo al menos 30 segundos antes.
Tras ver ambas escenas, no me quedó claro qué quería decir. La necesidad de escribir esta entrada del blog rebotaba en mi cabeza. Pero antes de saber de donde venía el término tenía que aclarar algo. ¿Por qué tras escucharlo sentí una sensación extraña? ¿Por qué pensé que ya lo había leído/oído en algún sitio? … Ozymandias… mmmmmm… ¡Claro!
¡Es uno de los Watchmen! Y no uno cualquiera: Según nos recuerda este fantástico post de Labutaca.net ,es “el hombre más inteligente del mundo. Posee, además, una increíble desenvoltura atlética y la capacidad de resultar encantador a todo el mundo.”
Ozymandias no es un nombre casual que utiliza Alan Moore para este superhéroe de sus Watchmen. Era uno de los nombres con los que se denominaba al faraón egipcio Ramsés II.
Según leo en la wikipedia:
“El apodo Ozymandias viene de una transliteración griega de Ramsés: “User-maat-re Setep-en-re”
Aunque me pide el cuerpo que hablemos un rato más de los egipcios creo que está claro que no tenemos espacio/tiempo en este post para hablar sobre el bueno de Ramses segundo.  Os recuerdo que todavía no hemos descubierto porqué se dice lo de “ozymandias melancolía”. Sigamos el hilo que nos ha dejado Woody Allen. Volvamos a Ramses/Ozymandias.
Hay una estatua en el Museo británico en la que se puede leer el siguiente mensaje:
“Rey de reyes soy yo, Osymandias. Si alguien quiere saber cuán grande soy y donde yazco, que supere alguna de mis obras”
Una bravata de proporciones piramidales de quien fue uno de los grandes gobernantes de la historia. Parece que el mismísimo Napoleón se obsesionó con esa frase y con la estatua e intentó conseguirla para su Francia imperial sin éxito. Esta es la mole en cuestión.
Los ingleses fueron más listos y contactaron con un “Indiana Jones” italiano llamado Giovanni Belzoni para conseguirla. Como veis, su aspecto no es el de Harrison Ford, pero básicamente se dedicaban a lo mismo: destruir templos milenarios de países del tercer mundo para que el primer mundo pudiera lucrarse con el turismo arqueológico. Lo de siempre.
A través de nuestro Indiana con turbante, “adquirieron” en 1821 para la sala 4 del British Museum esta maravilla del arte egipcio con sus 7 toneladas y con su inscripción ramsesiana. En su etiqueta se puede leer esto:
“Colossal bust of Ramsete II, the “Younger Memnon”. 19th Dynasty, about 1250 BC. One of the largest pieces of Egyptian sculpture in the British Museum. Weighing 7.25 tons, this fragment of his statue was cut from a single block of two-coloured granite. He is shown wearing the nemes head-dress surmounted by a cobra diadem.”
Sigamos. Su llegada a Londres fue precedida por cientos de páginas de periódico y se convirtió en un acontecimiento británico. Miles de personas la vieron y otras miles supieron de su llegada por las noticias. Y atención, que ya vamos llegando al término “Osymandias”. Una de las personas que la vió o supo de esta efigie y su inscripción fue el escritor Percy B. Shelley, el marido de la creadora de Frankenstein. ¡Tachaaaan!
Y llegamos al término “Ozymandias melancolia”.
Nuestro amigo Percy era un gran escritor romantico. Le interesaba la historia y lo trágico; las derrotas y los caídos… Le gustaba evadirse y posiblemente lo hizo ante la efigie del gran Ramsés. Reflexionó durante horas en un gran poder tan arrogante -el de Ramses II- que se creyó mejor que todos para siempre. Pronto se dio cuenta de que ahora, miles de años después, sólo era una roca tallada sin voz ni voto en el presente. Ese pensamiento le hizo reflexionar: la decadencia es inevitable hasta para los que fueron los más poderosos en su tiempo. Y esa reflexión le hizo escribir este poema:
Ozymandias
Conocí a un viajero de un antiguo país
que dijo: «dos enormes piernas de piedra
se yerguen sin su tronco en el desierto;
junto a ellas, en la arena, semihundido
descansa un rostro hecho pedazos, cuyo ceño fruncido
y mueca en la boca, y desdén de frío dominio,
cuentan que su escultor comprendió bien esas pasiones
que todavía sobreviven, grabadas en la piedra inerte,
a la mano que se mofó de ellas y al corazón que las alimentó.
Y en el pedestal se leen estas palabras:
“Mi nombre es Ozymandias, rey de reyes:
¡Contemplad mis obras, oh poderosos, y desesperad!”
No queda nada a su lado. Alrededor de las ruinas
de ese colosal naufragio, infinitas y desnudas
se extienden las solitarias y llanas arenas.
Da igual lo grande que sea alguien en un momento dado, con el tiempo pasará y se convertirá en algo decadente y abandonado. Shelley nos advirtió de la inutilidad de lo que hacemos en la vida… las cosas que parecen importantes en realidad no lo son con el paso del tiempo.
¿Al pensar en esto no sentís ahora un poco de vértigo? ¿tal vez una sensación de inexistencia? ¿tristeza? ¿desazón? Ahí lo tenéis: con todos ustedes la melancolía de Ozymandias.