Quiero ser camarera


Son las 9 de la mañana. La gente abre gris la puerta. Ojeras. Sueño. Simplezas y complejidades de la vida. Cada uno las suyas.

Las tres camareras de la cafetería, sin embargo, sonríen. “Parecemos tres niñas chicas”, dice una. Hablan en voz baja. Ocultan con cuidado un paquete. “Que lo va a ver, guardalo”, dice otra. Firman en secreto en una hoja. Parecen los preparativos de una revolución silenciosa. Pero no. Corretean por la barra dando saltitos. Disfrutan de su sonrisa. Le dan emoción a esta mañana triste con sus risotadas.

Al otro lado, los clientes observamos junto a nuestros cafes y tostadas. La mañana empieza a ser menos gris. No paran de reir, de hablar entre ellas, en un involuntario y espontáneo gesto de compañerismo y buenas maneras. Muchos -seguro- piensan: “ojalá así en mi oficina”.

Llega la cuarta camarera. Su hijo -cree- tiene varicela y llega seria. El niño no ha ido al colegio y se ha quedado con su madre que tenía que ir a un entierro. El trabajo y la familia. Todo a la vez.

Sin embargo, pronto cambiará la cara y volverán las risas.

Las compañeras le han comprado una tarta sorpresa. La han escondido junto al botiquín de la cafetería. Las oigo decir: “luego le dices que te duele la cabeza, y cuando vaya a por el ibuprofeno… Le cantamos cumpleaños feliz”.

Salgo de la cafeteria. Ahora luce el sol.

Un comentario en “Quiero ser camarera

  1. Una historia preciosa, observar y crear…imaginar.

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