Y aún así…


Son días de locos.

Se me acelera el corazón. Vuelo hacia el caos del que otros huyen. Insiste mi teléfono. Lo oigo incluso sin que suene. Acumulo horas. Acumulo dolor. Sumo tristezas de otros. Busco humanidades en los ojos. Busco miradas cómplices. Confidencias. Espacios comunes. Historias que contar. Observo millones de detalles. Mi cerebro hierve. Me llegan mil mensajes mientras respondo a otros mil. Unos me piden rapidez. Otros me piden ser heraldo de la verdad. Y yo se que es imposible. Y que solo haré bien si encuentro el espacio exacto entre ambas cosas.

Y vuelo. Galopo con el micro a cuestas. Soporto el daño. Me elevo sobre las cargas que me abruman. Entro en casas que no son mías. Hablo con gente a la que no conozco. Absorbo sus vidas. Me siento un extraño que quiere conocer a extraños. Y a menudo, después , cuando pasa la calma, no puedo dormir. No puedo parar. No puedo frenar.

Son días de locos. Y aun así, son días de periodismo.

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