Sorrrry, I donandestan


Sorrrrry, I donan-destan, dice la chica.  La lengua del Globe ziater y de Jamlet no la domina. Eso está claro. It´clear, dice.

¿Debería? Tiene mi edad. Ha tenido acceso a estudios. ha vivido en el mismo país que yo. Y  trabaja in-a-jóshpital de cara al público.  Ou sorry, les dice cada diez segundos. Me gusta el ou. Vuelve su atrofiado abanico lingüístico un poco sofisticado. Ou, yes. Ou, sorry.

Que digo yo que ellos también deberían haber intentado aprender castellano. A litel bit, dice ella. Me refiero a los inglesazos a los que está tratando de atender, claro. Britisssh from gueils dicen que son. No tienen ni papa. Moro-less, les oigo. Son uno de esos productos del turismo residencial murciano, supongo. Guf morni, les dice ella. Un poco, al menos, si debían haber aprendido. Las tres o cuatro palabras básicas. Yo que sé. Ya que van a estar por aquí sus últimos años… Wif bin hiar sins septemba, dice el corpachón enrojecido del brit.  Pero más allá del buenos días no saben comunicarse.  Sorry, I donan-destan, insiste ella. Sólo balbucean. Ni siquiera llegan a charla indio-vaquero.

Por aquello de que soy español -y me duele un poco mi país- me fijo más en mi compa. Compa de compatriota, vamos.

Sorry, I dons pik inglis, vuelve a decir, separando mucho las sílabas. Les dice sorry a lo loco. Muchas veces. Remarcando mucho la erre. Como debe ser, claro que sí. Demostrando que, aunque nos dijeron otra cosa (aquello de la generación más preparada de la historia) formamos -ella y yo- parte de toda una progenie de españolitos que dice haber aprendido inglés pero no sabe comunicarse en una charla normalita. Ni bitch idea.

Estoy en una puerta de urgencias de Murcia. Ellos son un matrimonio inglish very very dificul tu andestan. Son mayores. A lotof problems, señala él, posiblemente sordo. Dif, dice. Pero la chica que les atiende no entiende ni poteitos. Me mira. Se ríe. Sólo sé decirles sorry, me dice.

Les coge unos papeles. Peipers. Dame, dámelos, givmi, dice.

Los consigue sentar en una silla frente al mostrador. Tu de cheir, les explica. Allí esperan los inglesitos con una cara de dis is Moroco que no veas. En silencio. Los dos. Viviendo un trainspoting de jubiletas que seguro luego contarán en la pérfida albión. En mi ipod suena, casualmente, una de Blur.

Al rato, se les acerca. Les grita. ¡Escaner! Con una E española delante que apartaría a Hemingway de la curva de estafeta. Y gritando. Un clásico de cuando no sabes idiomas. Imagino que gritamos a tope para que, al elevar la voz, las palabras estallen en el aire y se transformen al idioma deseado.

El jubileta la mira y dice: “Ou, yes. Scanner”.

Ou, yes. La chica sonríe. Al final, quizás, si sabía inglés.

 

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