El Cinema era El Paraíso


Tornattore nos lo puso fácil. Su cine era “El Paraíso”. Así, con mayúsculas, y con toda la carga religiosa que tiene el nombre.

En mi opinión, el nombre es toda una referencia nada casual. El subtexto de la película es la historia de Adán y Eva.

Así, como suena.

Venga, no os vayáis. No es tan raro. Os lo explico.

La escena clave

Viendo la película por enésima vez me volvió a emocionar la escena previa al final cuando Alfredo se despide de Totó:

Le dice:

“No regreses, no pienses en nosotros, no telefonees, no escribas, no te dejes engañar por la nostalgia, olvídate de todos, si vuelves no quiero que me veas. No te dejaré entrar en mi casa. ¿entendido?”

Y sobre todo, os quiero llamar la atención sobre la frase final. Es una de las mejores frases que se han escrito para un guión de cine:

“Hagas lo que hagas, ámalo, como amabas la cabina del paraíso cuando eras niño”.

Detrás de esta despedida hay también una expulsión: Dios despide a Adán del paraíso y le pide que, a pesar de todo, a pesar de lo que ha sufrido, construya un mundo basado en el amor y en la bondad que el ha querido proyectarle desde su sala de cine.

Os voy a explicar cómo llego a esa conclusión. En serio, seguid leyendo.

El creador en su cabina

Imaginad por un momento que Alfredo fuera dios. No es tan difícil:

  • Con su proyector ‘hace la luz’ y ‘proyecta’ el mundo ante los ojos de los hombres (los vecinos)
  • Es el ‘motor inmóvil’ del que hablaba Santo Tomás: es responsable del movimiento permanente de las cintas pero él nunca se mueve.
  • ‘Lo ve todo pero nunca es visto’ (como decían los griegos) como un auténtico dios. Está escondido en su cabina. Nadie lo ve y casi nadie le mira: solo le “ruegan” cuando algo va mal, cuando la peli no se ve correctamente.

  • Y Totó le imita en esa actitud…

  • No se sabe quién es su mujer (hay una mujer pero nunca queda claro que sea SU mujer) y cuando habla de ‘sus hijos’ Totó le corrige y le dice “tu no tienes hijos” y el se ríe. Sus hijos, está claro,  son todos los vecinos.
  • En la escena en la que mueve el proyector, obra ‘un milagro’ (por el que la iglesia, por cierto, quiere cobrar). Una de las escenas más bonitas de la peli que muestra el afán de Dios de explicarle a su Adán cómo hacer el bien.

  • Hablando de la iglesia: El cura del pueblo es el que ‘traduce’ la palabra de Alfredo (o sea, la palabra de Dios) con sus censuras.
  • Alfredo, por esa censura eclesiástica, no puede mostrar toda la belleza del mundo, aunque la guarda para la escena final.
  • Por cierto: En la escena de la bici, Totó es transportado por Alfredo dejando atrás al cura. Una crítica más a la iglesia en plan: “Dejadme a mis hijos tranquilos que ya los llevo yo”.
  • La escena del confesionario, si Alfredo es Dios en algo muy gracioso. El cura se escandaliza porque ni siquiera Dios entiende la historia que han montado a su alrededor.

  • No le gusta relacionarse con los vecinos, los humanos. Prefiere dejarlos a su libre albedrío.
  • Es el ‘creador’ de Totó, al menos de su pasión por el mundo del cine.
  • El carrete que le entrega para la proyección final tiene 123 minutos. Los tres primeros números son ‘Una firma de Dios’ que es el iniciador de todo.

La condena de Adán

Y ahora, imaginad que Totó fuese Adán. Tampoco es complicado:

  • Totó representa la inocencia, el descubrimiento. Es Adán tratando de entender el mundo y entendiéndolo de la manera más dura posible.

  • Totó descubre muy de niño en El Paraíso un lugar ideal, donde no existe el dolor del mundo, donde todo es posible, pero sólo ve, a través de las películas y de la luz de Alfredo, el mundo que Dios ha puesto ante sus ojos. Un mundo ideal, no el mundo real.

  • En varias ocasiones es amenazado con la expulsión del lugar. Su vida es un continuo intento por permanecer en el Paraíso.
  • De hecho, Alfredo le advierte continuamente de los peligros y las tentaciones que le harán daño: primero el fuego y las películas (que acaban dañando al propio Dios) y después las mujeres.
  • Totó y Dios se encuentran en la escena del examen en el colegio. Ahí descubre Dios que necesita a Adán para que el mundo siga adelante. Él no entiende el mundo más allá de lo que ha creado. Sólo sabe contar: 1,2,3… con los dedos. (Otra vez los números)

  • La aparición de la niña-mujer es todo un cuadro del nacimiento de Venus: es su paraíso y ya tiene su fruta prohibida (enseguida os hablo de ella)
  • La niña se convierte en la fuente de todas sus alegrías pero también de todos sus males. El amor que siente por ella le hará daño y le marcará de por vida su desaparición.
  • Alfredo le ‘expulsa’ para que intente vivir una vida fuera y tenga éxito pero sabiendo que será infeliz a causa de lo que le ha ocurrido con la niña Eva.
  • Cuando vuelve al paraíso y lo ve destruido siente que, en parte, es su culpa por haberse marchado.
  • En la escena final, Totó llega al cielo, un lugar que le reconforta después de una vida de sufrimiento causada por el abandono de Eva y del paraíso. Y… ¿Quién lo ha preparado?Alfredo, con la escena de los besos. En el cine, con una peli de metraje 123,  se reúne de nuevo con las sensaciones que le evocaba el paraíso.

La tentación de Eva

Por último, mirad a la niña Elena de la que Totó está locamente enamorado y vedla como una pequeña Eva:

  • Aparece por sorpresa con el viento agitándole el pelo y entre barrotes: La fruta prohibida, el nacimiento de Venus.

  • Alfredo NUNCA habla con ella, como nunca habla con Eva. Piensa que ella será un freno en la vida de éxito que le espera a Totó
  • Ella NUNCA entra realmente en el cine Paraíso. Sus encuentros con Totó son en el exterior y en cine de verano. De hecho, en ese encuentro bajo la lluvia, ella aparece por sorpresa, casi como una serpiente que enrolla y engulle a Totó.

  • Totó le declara su amor… ¡en un confesionario! ¿Puede haber algo más prohibido y secreto que eso?
  • Es indecisa, o mala, o ambas cosas. Castiga a Totó durante días al pie de su ventana para luego besarle. Totó, que ha oído la historia de los cien días de Alfredo, aguanta hasta el último momento.
  • Después, le tienta con marcharse juntos del pueblo mientras mantienen un último encuentro sexual. Una nueva tentación. Sin embargo, ella ya sabe que va a abandonarlo.

NOTA: En la versión con metraje extra de la peli (154 minutos) nos enteramos de que la razón de que la pareja haya perdido el contacto es que Alfredo le pidió que no volviera (otra expulsión, en este caso la de EVA) por temor a que si sí lo hacía, seguirían juntos  y Totó no tendría éxito.  Alfredo la había convencido de que si amaba a Alfredo, tenía que dejarlo por su propio bien.

Y por fin: El paraíso

Con estos tres personajes así planteados… ¿no os parece que “Cinema Paradiso” nos habla de la expulsión de Adán y Eva? Alfredo quiere lo mejor para Totó y sabe que ha de salir del paraíso para conseguirlo. Le expulsa con el dolor de un padre que saca a un hijo del mejor de los mundos, su casa. Y lo hace con el dolor de no haberle sabido enseñar a resistir los envites de la tentación y las consecuencias del dolor y la soledad.  Vamos: lo que debió sentir el mismísimo dios cuando tomó la decisión de expulsar a Adán y Eva.

Leed de nuevo la escena del principio, ved de nuevo la película o al menos la escena que os he posteado arriba.

¿Estoy muy loco o tiene sentido? Cinéfilos, espero vuestras respuestas.

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