El valor de las cosas


El niño Christian Bale (Luego Batman y otras tantas) en un fotograma de “El imperio del sol”.

Acabo de terminar de ver con María (creo que por cuarta vez) “El imperio del sol”.

Se me ha olvidado contarle que una parte de la peli fue rodada en España. Como ya hice un post sobre esto… la añado desde aquí: fue en Cadiz, en concreto en Trebujena.  Si leéis este artículo titulado “Soy de Trebujena y rodé con Spilberg”, os sorprenderá saber que muchos de los extras de las escenas masivas de la peli son de allí.

Ocurrió en 1986. Spielberg estuvo buscando en Kenia y en Israel. Buscaba el sol. Esa era su obsesión. El imperio del sol tenía que tener sol. Y lo encontró de la forma más casual. La historia no oficial cuenta que, por casualidad, alguien le mostró un vídeo publicitario sobre aceite rodado en cadiz por el productor cinematográfico español Antonio Pérez. Bingo.
Spilberg se puso como loco:

“Let´s go to Tre-bu-je-na, Spain”.

Y allí que se marcharon, a las marismas de Trebujena.
La finca donde ser rodó se llama “Alvantus” y está junto al Guadalquivir. El equipo del genio del cine creó allí una estación de tren, un aeropuerto, un estadio olímpico y un campo de concentración japonés, con su hospital. Lo llamaron el “sho Chow”.
¿Os suena la torre verdad?  NOTA: No vayáis a buscarla, ya no existe :-((
Durante seis semanas, más de 1000 extras (muchos de ellos de la zona, como habréis leido en el anterior enlace, y cobraban entre ocho mil y quince mil  pesetas diarias por participar) y varios cientos de operarios trabajaron allí. Para construir todo aquello carpinteros, electricistas y albañiles de Trebujena trabajaron sin descanso.
Y todo… ¿para qué?
Para contarnos una historia que nos hace valorar un poquito más las cosas que tenemos.
Si de algo habla esta cinta es del valor de las cosas. De como un plato de arroz, una pastilla de jabón, un pequeño tomate o cualquier cosa cambia de valor radicalmente dependiendo de nuestras circunstancias. Eso sólo puede querer decir una cosa: las cosas no tienen el valor que tienen, sino el que les damos.
De este niño…
A este otro…
…. sólo hay unos años de diferencia. En realidad, dos horas y media de película y -sobre todo- miles de lecciones de vida. Enseñanzas para los que nunca hemos tenido que pasar las penurias de una guerra, un campo de concentración o, simplemente, la pobreza.
Aquí estoy, en plena noche, en mi casa, con mi mujer y mi hija durmiendo en la habitación de al lado, con mi maravillosa conexión a internet y un veloz ordenador, con un vaso de agua fresca a mi lado y con un frigo repleto de comida. Y, mientras veía la peli, he sentido que no soy capaz de valorar lo que tengo porque nunca lo he perdido.
Para reflexionar.
 OJO SPOILER: Impresiona pensar que tus padres puedan pasar a tu lado y no reconocerte tras las muchas penurias que la vida te ha puesto por delante, como pasa al final.

Un comentario en “El valor de las cosas

  1. Recuerdo cuando tuve noticia de este rodaje me emocioné un montón. ¿Spielberg rodando una peli de aviadores japos en España?…wooow… Tal era la desinformación que se tenía sobre este impresionante biopic del escritor James G. Ballard… El estreno en el Rex me dejó frío, frío, y con una sensación de desazón como he sentido en pocos filmes… yo pensaba que iba a ver una peli al estilo ‘1941’, donde los P-51 Mustang reemplazarían al P-40 del inolvidable Buffalo Bill Kelso

    y lo que me encontré fue un tremendo drama del subgénero campo de prisioneros cuya descarnada intensidad y hasta crueldad convertía en un juego de niños ejemplos anteriores como ‘El puente sobre el río Kwai’ o ‘Feliz Navidad, Mr Lawrence’… Todo era raro y agobiante en la trayectoria vital que ese niño tan fanático como yo de los aviones (por aquel entonces no había semana en la que no construyera una maqueta de un avión de la SGM a escala 1:72) que era Jim, a veces tan repipi e insoportable que era imposible admirarlo del todo…hasta celebrabas algunas de las putadas que le hacían en el campamento sus avispados e inmorales compañeros de cautiverio… Un filme desigual, lento y vibrante a un tiempo, estremecedor y dado al bostezo, sin concesiones… como la vida misma… El necesario rodaje para abordar con maestría la filmación de ‘Salvar al soldado Ryan’ (donde también juega un pequeño pero decisivo papel el p-51 Mustang, “el cadillac de los aires”, en atinada expresión de Jim) o la devastadora ‘La lista de Schindler’, en la que el infierno de Auschwitz toma el relevo del menos criminal Soo Chow…

    Pero si inolvidable resulta la prometedora irrupción de Christian Bale (menudo ojo tuvo don Esteban), esta película yo la resumo en un nombre, el mismo que me afané en atisbar entre los títulos de crédito mientras sonaba la memorable banda sonora del maestro Williams (el vinilo cayó al día siguiente) : MALKOVICH… Su irrupción en el estrellato de Hollywood es comparable al de una manada de elefantes pugnando por entrar en el camarote de los hermanos Marx… Nunca un malo-bueno nos generó tanta simpatía-desprecio como el protector-explotador que enseña al ingenuo aficionado a los aviones lo hijaputa que suele ser la vida, y en tiempos de guerra, todavía más…. Excelente post…

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