La policía del pensamiento


“No era difícil mantenerlos a raya. Unos cuantos agentes de la Policía del Pensamiento circulaban entre ellos, esparciendo rumores falsos y eliminando a los pocos considerados capaces de convertirse en peligrosos; pero no se intentaba adoctrinarlos con la ideología del Partido. No era deseable que los proles tuvieran sentimientos políticos intensos. Todo lo que se les pedía era un patriotismo primitivo al que se recurría en caso de necesidad”.

“Por supuesto, no había manera de saber si le contemplaban a uno en un momento dado. Lo único posible era figurarse la frecuencia y el plan que empleaba la Policía del Pensamiento para controlar un hilo privado. Incluso se concebía que los vigilaran a todos a la vez. Pero, desde luego, podían intervenir su línea de usted cada vez que se les antojara”.

“Tenía usted que vivir -y en esto el hábito se convertía en un instinto- con la seguridad de que cualquier sonido emitido por usted sería registrado y escuchado por alguien y que, excepto en la oscuridad, todos sus movimientos serían observados”. 

Fragmentos 1984, George Orwell

 

Existirá un día…

La Policía del Pensamiento. “Ojalá nunca exista”, pensé al leer 1984, un libro que me marcó y que considero el mejor que he leído nunca. La policía de pensamiento. Joder, si es que el nombre ya asusta.

Tal y como nos la describía Orwell, era una organización policial (inspirada, eso sí, en la Gestapo y en la NKVD) que arrestaba  a los ciudadanos sólo por pensar o decir cosas en contra  de las consignas del Partido. Orwell se inventó también el término “crimen de pensamiento” o “crimental”.

Ojalá, insisto, nunca exista, aunque hemos tenido tristes ejemplos en la historia de estados que han querido institucionalizar algo parecido. En “La vida de los otros” (película que siempre recomiendo) tenemos un gran ejemplo.

Lo que cuenta esta peli sí que ocurrió en Berlín y en los territorios en órbita soviética. Cosas similares han hecho otros regímenes totalitarios pero, desgraciadamente, también hemos tenido ejemplos en el mundo “libre”.  ¿Verdad, Barack?

Detenido un tuitero

Hoy quería reflexionar sobre las últimas detenciones e imputaciones a tuiteros. Como todos sabéis, tras el vil asesinato de Isabel Carrasco y tras la victoria del Macabbi de basket contra el Real Madrid, muchas personas escribieron tuits difamatorios e insultantes.

Varios  ejemplos:

Vaya por delante que toda esta gente me parecen unos descerebrados. Eso que nadie lo dude. Desear la muerte a una persona porque no compartas sus ideas no está en mi filosofía. Es más, combato este tipo de actitudes. Lo de #putosjudios es, simple y llanamente, un insulto de ignorantes. Gente que no ha viajado, ni leído, ni estudiado, que pretende hacer daño a un colectivo que desconoce.

Y más si tenemos en cuenta que ocurrió tras una derrota en el baloncesto.

Por cierto: si seguís ese hashtag TAMBIÉN hay muchas personas que criticaban duramente a los que estaban usándolo. Eso es una esperanza.

En relación a todo esto, os quería hacer dos apuntes sobre este tema de los insultos.

No ha habido persecución para según qué NAZIS

Ahora que Cospedal y otras mentes prodigiosas se han empeñado en usar tanto la palabra “nazi”, me llama la atención que se sigan permitiendo tuits lamentables que, de momento, el ministro no ha dicho que se vayan a perseguir. Un ejemplo es este:

El caso concreto de las amenazas a Pilar Manjón es verdaderamente dramático. No comentaré mucho más porque se que habéis leído las barbaridades que le dicen. Intentaré poner una de las “suaves”. En fin…

Insisto: y a esta gente… ¿Se la persigue? Amenazas, nunca.  Pero si vamos a perseguirlas, que se persigan todas.

Y todavía me queda el tema más polémico:

 Con ETA, ¿qué hacemos?

¿Cuando se dice que se va a perseguir a todos los que insultan en twitter también se incluye a los que insultan a los etarras, a los radicales de al-quaeda, a los violadores o a los asesinos?

A mi también me sale insultarles muchas veces. Condeno RADICALMENTE su violencia, sus actos contra la convivencia y sus asesinatos. Que quede claro, que no quiero rollos.

Lo que estoy preguntando es donde ponemos el tope. A quién sí es legítimo insultar.

—–

En fin, que no me quería centrar en esas dos historias, ni en los tuiteros que insultaron a Carrasco, Manjón o a los judíos,  sino en el clima general que últimamente percibo y que nos acerca un poquito más a la tristemente famosa policía del pensamiento.

Sobre este asunto os dejo cuatro pensamientos muy meditados.

1. Ya se persiguen los insultos, las amenazas y demás.

En España el Código Penal ya persigue las injurias y calumnias. Lo que ocurre en redes sociales está penado igual que “la vida real”. El que se considera injuriado o calumniado puede ir a un tribunal que decidirá si tiene razón o no. ¿Para qué valdría cambiar la ley? ¿Para endurecerla?

2. Profesionales del “señalamiento”

Twitter se ha poblado de personas que se dedican a decirte sobre qué puedes tuitear o sobre qué no. A mí me ha pasado muchas veces ya.  Y espero nunca convertirme en uno de ellos. Cuando veo algo con lo que no estoy de acuerdo, debato. Pero no se me ocurre decirle a alguien que no puede tuitear de una o de otra manera.

Son gente que pasa la tarde o la mañana (quizás no hagan otra cosa, yo no lo sé) reprimiendo a otros tuiteros, diciéndoles “Esto sí” o “Esto no”.

¿No se parece esto -y mucho- a esa policia de pensamiento de la que hablaba Orwell?

Por cierto: con esta gente, percibes claramente que si lo que has tuiteado es “de su cuerda” ahí si. Ahi no caben normas morales, ni sociales ni nada de nada. Ahí te jalean y retuitean.  E incluso, te ríen las gracias.

3. Periodistas objetivos/subjetivos.

Yo no sé lo que hacen los otros periodistas, pero lo que yo tuiteo es lo que luego digo por la radio, lo que incluyo en mis noticias o lo que sostengo si alguna vez (muy pocas veces lo hago ahora que no estoy en programas) opino en una tertulia.

En mi caso concreto, y creo que muchos periodistas lo hacen así, posiblemente me calle muchas de mis opiniones para poder mantener un perfil objetivo. Eso es verdad. Sin embargo, eso no quiere decir que no tenga mis opiniones y, a veces, es lógico que se escapen por las rendijas de la mesura.

Quien no entienda eso, quizás ha perdido la perspectiva.

¿Quieres que los periodistas seamos robots que demos titulares? ¿Qué te interesa más una noticia pulcra y limpita o una crónica en la que el periodista te cuenta lo que ve desde su punto de vista?

Es más… ¿se puede contar algo sin darle un punto de vista?

 4. El dichoso humor.

En el tema del humor, me fío mucho de lo que dice Raquel Sastre en este artículo de The Objective. Os corto un fragmento especialmente claro:

Lo peor de esto es que, en el saco de amenazas e insultos, el gobierno quiere meter los chistes. Soy cómica de profesión y hay algo que siempre me ha molestado muchísimo, ¿por qué se estigmatiza el humor? ¿Por qué no se trata como la ficción que es? Si el director de “El príncipe de las mareas” rodó una escena en la que se ve cómo violan a un niño y nadie lo llama pederasta, ¿por qué un chiste sobre curas y monaguillos enciende a las masas? ¿Tan estúpidos somos que no sabemos ver que el humor es ficción?

 No hay más que añadir, señoría.

 

Un comentario en “La policía del pensamiento

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