El día en que murio Senna


Senna murió cuando yo tenía 16 años. Aquel día se me quedó grabado: todo lo que hice, todo lo que sentí. Recuerdo hasta la ropa que llevaba.

Estaba en un restaurante de La Manga con mis padres. No me preguntéis por qué pero en aquella época se llevaban unos horribles pantalones largos a cuadros.

Hacía sol. El mar estaba espectacular.  Al fondo veíamos la isla del Barón. Había gente bañándose.  Recuerdo una familia de británicos blancos como la nieve tratando de meter en el agua a sus pequeños. A mi me apetecía bañarme.

La tele atronaba con la carrera de F1 al fondo del local -aquellos motores no son los de ahora- y mis padres se esforzaban por que fuéramos una familia. Mi padre estuvo contando chistes malos de esos que le gustaban a mi hermana.

Senna y Prost en una de las famosas curvas de final de campeonato.

Comí una pizza diávola. Una de esas que llevan picante. Estaba serio, muy serio. No había sido una buena semana.

Yo sacaba muy buenas notas pero era revoltoso e irreverente. Y estaba siendo un curso algo problemático. Me habían llevado al jefe de estudios un par de veces. Le decían a mis padres continuamente frases como esta:  “el chaval es muy buen estudiante, o mejor dicho, siempre se sabe el temario sin estudiar y sin -parece- atender en clase, mientras despista a los demás.”

La falacia era fina: Yo si atendía a clase. Me encantaba la historia, la literatura, el latín y la filosofía. Pero me sobraba tiempo entre tediosas lecciones.

Los profesores que me abroncaban añadían una frase que se convirtió en la coletilla de mi adolescencia: “será lo que quiera ser, pero le gusta demasiado hacer mucho el payaso”.

BOLA EXTRA: Al menos sacaba mejores notas que el joven “Beco” Senna.

Lo de las broncas magistrales lo recuerdo tan perfectamente, que casi me siento allí ahora mismo. Esa misma semana -el martes- había tenido una conversación con mi madre y el que entonces era mi jefe de estudios en un lúgubre despacho de la planta baja de mi instituto. Cristobal, se llamaba.

A la vista de mis notas, era evidente que estaba aprendiendo. El problema era otro.  Mi opinión, tras muchos profesores consultados, es que los niños/adolescentes que se comportan así necesitan atención especial o al menos retos diferentes a los de sus compañeros. Sólo algunos profesores supieron dármelos. Gracias por eso.

Como he dicho, no había sido una buena semana. Recuerdo escuchar los motores de la F1 de fondo y al camarero cartagenero tomando nota a la mesa de guiris de al lado en perfecto spanglish (las cosas no cambian) mientras pensaba en mis movidas (con mi mente de entonces, sacando menos conclusiones, supongo)

Esa misma semana había habido visita al jefe de estudios.

¿El motivo? Un compañero hizo una montaña de sillas y luego la derrumbó en un descanso de las clases. Me la cargué yo que, en este caso, prometo que solo pasaba por allí y me eché unas risas. Paco, se llamaba.

Me sentía sombrío a pesar del sol, preocupado a pesar del día festivo que revoloteaba a mi alrededor. No era ningún gangster juvenil. Era un tipo responsable aunque supongo que un poco gamberro como corresponde a los 16 años. Jamás me metí en un lío serio.

Esa semana marcó mi vida porque me obligó -en parte- a cambiar. Recuerdo pensar esta frase: “A partir de ahora, tomar las curvas por la trazada, siempre que puedas”.

Ver a aquellos tipos jóvenes (Senna tenía entonces casi mi edad de ahora, qué curioso) corriendo como fieras en esos monstruos sobre ruedas me hacía soñar.

Senna con el que se considera su primer Kart

Comiendo mi Pizza y robandole lasagna a mi hermana (Mar, lo siento, siempre igual) pensé que quizás la carrera en Imola iba a ser una buena forma de refrescarme. De quitarme de encima tantos líos.

Durante toda la comida me escapé una tras otra vez a ver la carrera a una tele que estaba en la otra punta del restaurante. Mientras, mi madre me conminaba a volver a sentarme a pasar el día con mi familia.

Para mi, la formula 1 era ya entonces religión. Y Senna su profeta.

 

Nunca podré olvidar aquel día. Cada detalle, cada paso que di. El sprint que hice para llamar a mi padre: “¡Papá, mira lo que ha pasado!”

Dicen que los recuerdos traumáticos se graban a fuego en tu memoria.

 

Fue el día que marcó mi adolescencia.

Un comentario en “El día en que murio Senna

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s