En el hospital


20140428-153428.jpg Mientras le escucho, escribo por puro placer. O más bien por desahogo, que es lo mismo, al menos para mi. Me dice:

“Estás todo el día pegado al móvil”

Pero en realidad, le escucho. Le escucho todo el rato. Y cada vez que se mueve le pregunto:

“-¿que haces? -naaa. Divertirme.” (Y se ríe)

Está dando pasitos cortos junto a la cama. Ha leído todos los letreros, todos los botes. Se sabe el contenido de todos los frascos, tubos, bolsas y medicinas. Sabe para qué es cada aparato. Sabe lo que se ve desde cada ventana de la planta 5. Lo pregunta todo, como los niños. Ahora está contando cuantos pasos tiene la habitación de ancho. Su cabeza, acostumbrada al Ulises de Joyce y otras lindezas, no para. Cuando era pequeño, encontré entre las páginas de este libro una lista con todos los personajes unidos con flechas que los relacionaban. Exprime los libros. Lo exprime todo. El primer día, cuando no sabía si tenía daños cerebrales por lo que había pasado, repasamos juntos la alineación de barcos de la batalla de Trafalgar. Y la recordaba, con número de cañones incluidos.

“-El Santísima, el Bucentaure, el Victory, el neptuno…”

Sigue (seguimos) dentro de esta habitación azul y blanca. Huele a alcohol y a claveles que trajo mi madre que es muy huertana y muy poeta. Han pasado 7 dias casi desde que María me despertó de madrugada y me dijo “Cariño, tu padre ha tenido un ictus”. No se puede sentir mas claustrofobia, desamparo y rabia que en ese momento. Es como si fuera un rayo lo que te despierta. El ser que te dio la vida casi se muere. Es abrir la puerta y que entre la tempestad rompiéndolo todo. Al final no ha sido un ictus, como nos dijeron en la ambulancia al principio, pero todavía no sabemos lo que ha sido. Y esa incertidumbre nos consume un poco cada hora que pasa. Él, tan fuerte, tan “mi padre”, esta en el hospital por primera vez en su vida, tras 70 primaveras de deporte, vida sana y “no me pongas salsa Maricarmen.” Ironías de esta puta vida.

“- ¿Que miras? -El aire. Hoy está despejado fuera.”

Siempre está mirando fuera. Como si esto fuera una cárcel con mejor comida y cama. Pero el quiere salir: hacer volar su imaginación subiendo una dura montaña. Explorar, descubrir. Los aventureros no están hechos para este pequeño cubículo. En su alma está Colón, Ed Hillary y -yo creo- el que descubrió el fuego. Me dice: “Ahora me voy a dar otra vuelta por aquí.” Y se queda tan ancho. Se sabe ya todas las plantas del hospital. De la cero a la siete. Lo va leyendo todo -carteles, letreros, señales, todo- mientras me lo llevo a andar todos los días. Su mayor triunfo: las ventanas de la septima planta. Es como el pico de aquí. Siempre hacia arriba. A buscar las mejores vistas.

“-Eso es Carrascoy, aquello La pila, eso la panocha, allí Sierra Espuña, aquello es Abanilla, lo de allá, Los Almeces… Recuerdo subir sin agua ni ná”

Se las sabe todas: altitud, dificultad, inicio del sendero, el bar que hay abajo, si subió en verano o en invierno, si vio nieve o una poza de agua. Detalles de montañero. Es una enciclopedia que se resiste a estar guardada en este lugar. Su mirada busca el horizonte siempre. Es como esos perros lobos que corren más y parecen más felices cuando los sueltas en espacios abiertos. Si tenéis perro, lo entenderéis.

“-Si esta noche subo a la Pila y te hago señales con una luz… ¿me veras? (Calcula) -Depende de la luz y de donde te pongas. “

20140428-155556.jpg Ronronea el aire acondicionado. Hemos comprado un pequeño ventilador porque no funciona bien. La silla chirría. Estoy sentado junto a su cama de hospital. Bueno, junto a la silla. No le da la gana usar la cama. Se resiste a tumbarse. Creo que es un acto de rebeldía contra la enfermedad. Contra la vejez y el deterioro. No quiere ser un viejo enfermo, pero no por insensatez, sino porque no lo es.

“-¿por qué no te tumbas? -No me gusta la cama. A cada uno le gusta una cosa. Y a mi no me gusta, ni aquí ni en mi casa.”

Los dos primeros días no pudo mover los brazos. Y antes de ayer me confesó que pensaba que iba a quedarse inmóvil para siempre. Y yo, me quedé en silencio, y después dije algo. No recuerdo qué. Alguna tontería para hacerle sonreír.

“-Si te quedas inmovil te puedo dar collejas y no te vas a poder defender. Asi que cuidao.” (Se ríe)

Y mientras lo decía pensé -ya sabéis como son a veces los hijos- lo que en realidad quería decirle. Y pensé escribirlo para que algún día lo lea: No te preocupes Viejo Lobo. Todavía subirás montañas. Todavía te quedan horizontes que otear y paredes que escalar. Surcarás de nuevo el mar y tendrás tiempo de repasar tu biblioteca entera. De esta sales. En casa, cuando leas esto, dirás (o quizás solo pensarás, porque somos iguales) “Qué jodio eres capullo, hijo mío, que bonito esto que me has escrito” Y es que, aparte de erudito y aventurero, siempre ha sido muy palabrotero. 20140428-170441.jpg

Scarlett la fea


Aja. Ya lo entiendo. Gente criticando a Scarlett Johansson. Porque está gorda. Por que es normalita.

Millones de post, comentarios, tweets, búsquedas…

Es alucinante lo de google: escribes “sc” y el autocompletar te lleva a ella.  A un linchamiento público abominable y odioso en el que se estudio al milímetro si el pezón izquierdo está más arriba del derecho.

Y la red está inundada de machotes que dicen que está “gorda”, “pelleja”, “fea”, “vieja” y un larguísimo etc…

Y -ojo- también está llena de mujeres que dicen “por fin os dais cuenta de que no es para tanto”.

No se quien es peor.

No podemos caer más bajo. Hemos entrenado -como sociedad, digo- a las mujeres desde niñas para que metan barriga, para que luzcan biquini apretadito, para que se sumen a la moda de los leggins, para que no se terminen el plato.

La mujer, en nuestra sociedad, vive en una puta pasarela de moda. Entre todos levantamos los cartelitos del diez al cero. Todos.  Yo me incluyo, ojo.

Me horroriza ver a chicas tapándose el culete con un jersey porque lo tienen gordo, pero… si lo hacen sus madres… ¿por qué no lo van a hacer ellas?

Elogio a los buenos profesores


Ayer vi “Los chicos del Coro”. Es una peli bonita -repleta de tópicos, eso si- que me ayudó a pensar en los buenos profesores que he tenido a lo largo de mi vida.

El sistema educativo español siempre es criticado por sus errores y sus problemas estructurales. Se habla mucho de recortes, de falta de medios, de personal desmotivado… Pero se habla poco de los buenos profesores que todavía quedan y que trabajan contra viento y marea. Hoy quería hacer una pequeña lista de los que me han marcado positivamente.

Doña Rosario, mi primera maestra de colegio.

Mis recuerdos son borrosos sobre ella pero sé que siempre llevaba falta de tubo y el pelo recogido. La recuerdo repartiendo plastidecor de colores. Un día trajo tortilla a clase.  Se reía mucho.

Chema, mi primer profesor de Música.

Yo creía que él y Luis Cobos eran la misma persona (En serio) porque tenía bigote y el pelo largo. Me explicó las corcheas, las fusas y las semifusas. Con gran vocación nos formó para ser una orquesta. Yo tocaba la melódica y tenía un solo en “El himno de la alegría”. Todavía le recuerdo moviendo las manos.

Doña Josefina, mi profe de “sociales” de EGB.

Nos ponía de deberes dibujar mapas de España y del Mundo y que estuvieran muy limpios. Nos hablaba de la historia del mundo. Así, como si eso fuera fácil. Yo la escuchaba embobado hablar de los romanos.  Miraba por encima de las gafas de ver en los exámenes.

Carmen y Manolo, mis profesores de francés del instituto.

Hacían de sus clases algo divertido. Me explicaron que viajar y dialogar te hace mejor ser humano. Sus clases iban más allá del idioma.

Ángel, el profe de latín.

Nos dejaba copiar en algunos exámenes. Y nos enseñó a emocionarnos con aquello del pájaro y la amada mía. A veces, si hacías una broma en clase, se reía con nosotros. Era, sobre todo, un hombre bueno.

Jauregui y Dader, mis mejores profesores en la universidad.

En el imperante ambiente de desazón que había en mi gris facultad ellos hicieron algo que nadie conseguía: motivarme. Nunca falté a sus clases. Y eso, en la Universidad, es mucho decir.

¿Cómo se llamaban los que te motivaron a ti?

Probando, probando…


Me dice @educasado  que hoy se cumplen 154 años de la primera grabación de una voz humana de la historia. Impresionante efemérides que merece, claramente, un post porque, al contrario de lo que muchos piensan, Edison -que patentó el fonógrafo- no fue el autor de la primera grabación.

No se enfade señor Edison, pero usted no fue el que “grabó” la primera voz de la historia. O, al menos, no exactamente.

 ¡Vamos con ello!

La primera grabación… no se pudo escuchar.

Estamos ante la historia de un fracaso que resultó ser un éxito. Antes de que escuchéis la -fantasmagórica- primera grabación de la historia, es de justicia decir que su autor fue, en 1857, el francés Leon Scott de Martinville. Es este señor.

Scott estaba obsesionado por mejorar el arte (sic) de la estenografía. La taquigrafía para los amigos. En su mente estaba que los taquígrafos pudieran hacer más fácil su trabajo mientras escuchaban una conversación.

Cuenta su historia que pensó en su invento, el Fonoautógrafo, mientras corregía unos grabados para un texto de física.  Estaba leyendo y se encontró con unos dibujos de anatomía auditiva similares a estos.

Dicen que todos los inventos buscan imitar el funcionamiento en nuestro cuerpo o el de otros animales. Y así fue: El pabellón auditivo sería ese cono metálico que veis, el tímpano sería una membrana elástica; y los huesecillos, una serie de palancas, que moverían un diminuto estilete muy afilado. Esta punta sería la encargada de “dibujar la voz” sobre una superficie de papel, madera o vidrio que previamente se había cubierto con humo negro.

Con este aparato, Scott consiguió “autografiar” la voz PERO sin llegar a poder reproducirla después.

El invento se patentó el 25 de marzo de 1857. Este es el aparato original.

No me digáis que no es alucinante. Lo que consiguió el bueno de Leon Scott fue -ni más ni menos- hacer visible el sonido. Aunque no podía reproducirlo después, el descubrimiento es importantísimo: se comprobó que era posible el registro del sonido. Lo demás, hasta el disco duro de hoy, proviene de aquí.

Y ahora pensad algo… ¿Cuántas pruebas haría? ¿Cuántos de esos cilindros se conservan? ¿Qué grabó en esos sonidos? Y, sobre todo… ¿Qué pasó con esas “grabaciones” que no se podían escuchar?

La caballería llegó 148 años después

Scott nunca escuchó sus grabaciones. Pero 148 años después, en 2008, este señor de la foto y su equipo llegaron al rescate.

Echadle un vistazo a esta noticia de Jody Rosen, periodista del NYT. Me gusta el primer párrafo:

For more than a century, since he captured the spoken words “Mary had a little lamb” on a sheet of tinfoil, Thomas Edison has been considered the father of recorded sound. But researchers say they have unearthed a recording of the human voice, made by a little-known Frenchman, that predates Edison’s invention of the phonograph by nearly two decades. 

En 2008, un equipo del “Lawrence Berkeley National Laboratory” (California) se puso como objetivo hacer sonar las piezas originales del fonoautógrafo. Las encontraron en la  oficina de patentes de la Académie des Sciences francesa.

BOLA EXTRA FRANCESA: La Academia francesa fue la primera institución en el mundo que adoptó el sistema métrico decimal como sistema universal.

Los expertos de Berkeley escanearon las ondas que se veían dibujadas en el papel. No os lo imaginéis escaneando con un aparato de esos que tenemos en casa (que os veo venir). Por lo visto, lo hicieron con un super-ordenador propiedad de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos.

La magia de la tecnología, casi 150 años después, hizo que las ondas se convirtieran en sonidos audibles y reconocibles. Estos diez segundos valen su peso en oro, aunque no se conozca quien es la mujer que canta.

Lo que sí sabemos es que está cantando la canción popular francesa “Au Clair de la Lune”. Si pincháis aquí, escucharéis el sonido.  Aviso, da un poco de miedo.

Imaginad a esos científicos, en una sala oscura de la Universidad Californiana, rodeados de ordenadores. Uno dice: “silencio, vamos a oírlo”. Y suena este sonido por primera vez en la historia, y 148 años después de ser grabado. Los pelos de punta.

Se habla mucho de Edison y todo el mundo lo conoce como uno de los inventores más geniales de todos los tiempos. Sin embargo, hoy era un buen día para recordar a Leon Scott. Aunque nunca pudo escucharla, no triunfó y pasó su vida como librero en la Rue Vivienne 9 en París, él fue el autor de la primera grabación de la historia.

 Por si alguien no ha reconocido la canción (es bastante probable) es esta.

Bola extra de arrepentimiento: La grabación de Edison.

Iba a terminar el post así, pero no quería que pensarais que tengo algo en contra de Edison, como le pasa a Homer en el famoso capítulo en el que trata de medirse con él.

Es cierto que este post no podía quedar completo sin incluir las que durante años se ha considerado la primer grabación de la historia: La del fonógrafo de Edison, en 1876.

En concreto, T.A. Edison anunció la invención de su fonógrafo el 21 de Noviembre de 1877. La primera pieza grabada que se pudo escuchar fue “Mary had a little lamb” y -que no os engañen- nadie la cantaba. Es un error común.

La recitó -sólo la recitó- el mismísimo Edison. Aquí podéis escuchar a Edison, cuya voz es un auténtico tesoro, que también ha viajado en el tiempo.