La dosis del cigarro


Alfredo Barrera Cuevas y Franky Perico (dos tuiteros a los que no conozco personalmente, pero han hecho uso de su derecho a pedir un post de este blog y, por tanto, sus deseos son órdenes) me dicen que puede ser interesante la siguiente pregunta:

La primera parte (la de la forma) es sencilla: ¿Por qué los cigarros son redondos?

El “malamadre” liándose un cigarro

Imagina que nunca hubieras fumado, que fueras la primera persona a la que se le ocurrió fumarse algo (una hierba seca, una sustancia… lo que sea) ¿cual sería tu primer instinto? Yo creo que la mejor idea es coger algo flexible (una hoja o un papel) y darle vueltas hasta dejar la sustancia en el interior. El liado de cigarros puros debe de ser una de las más antiguas costumbres del ser humano.

Me da la sensación de que el primero que lo hizo, lo hizo por instinto pero… ¿Quién fue el primero y dónde fumó tabaco

Viendo visiones

Un indígena brasileño fuma su pipa mientras asiste a la ceremonia inaugural de la Cumbre de los Pueblos, en Río de Janeiro, de 2012, un evento paralelo a la cumbre del G20. REUTERS/Sergio Moraes

Echadle un vistazo a este texto.

Lo firma Nicolás Monardes y se titula “Historia medicinal de las cosas que se traen de nuestras Indias Occidentales”. Está firmado en Sevilla, en “Casa de Fernando Díaz”, en 1580. Lo tenéis completo aquí. Dice así:

“Esta yerba que comúnmente llaman tabaco es yerba muy antigua y conocida entre los indios, mayormente entre los de Nueva España; que después que se ganaron aquellos reinos por nuestros españoles, enseñados por los indios, se aprovecharon della en las heridas que en la guerra recibían, curándose con ella, con grande aprovechamiento de todos”

El texto entero no tiene desperdicio. Monardes recita una por una todas las aplicaciones medicinales de esta “yerba”. A mí una de ellas me tiene fascinado:

En dolores ventosos hacen el mismo efeto quitando el dolor que de la ventosidad proviene, aplicando las hojas de la misma manera que está dicho que se han de poner en el dolor de ijada; hánse de poner cuan calientes ser pudiere.

Pero la que estaba buscando y que nos lleva al “origen” del tabaco es ésta:

Cuando había entre los indios algún negocio de mucha importancia (…) el sacerdote luego en presencia dellos tomaba unas hojas de tabaco y echábalas en la lumbre y recebía el humo dellas por la boca y por las narices, por un cañuto; y en tomándolo, caía en el suelo como muerto, y estaba así conforme a la cantidad del humo que había tomado (…) 

Asimismo los demás indios por su pasatiempo tomaban el humo del tabaco para emborracharse con él y para ver aquellas fantasmas y cosas que se le representaban. 

Debía de ser fuerte el tabaquito de nuestros indios.

En fin… todo esto para explicar que el tabaco original se cultivaba en América desde hace miles de años y fueron ellos los que hacían “cañutos” los primeros. En este grabado de la época se ve claramente a una persona con algo parecido a ese “cañuto” y una planta de tabaco (fuera de escala, claro) al lado.

Cristobal Colón también recogió en su diario que los españoles se quedaron asombrados al ver a los indios “con un tizón encendido en las manos y expulsando humo por la boca”. En Cuba mandó a dos de sus hombres (Luis de la Torre y Rodrigo de Jerez) a investigar ese misterio y el tal Rodrigo de Jerez empezó a fumar. Ya en España fue denunciado por  la Inquisición que le condenó a siete años al pensar que “era el diablo el que el poder de echar humo por la boca”.

BOLA EXTRA: he leído en este blog que “Expertos en genética vegetal han determinado que el origen del tabaco, el lugar donde se cultivó por primera vez, se sitúa en la zona andina entre Perú y Ecuador. Los primeros cultivos debieron tener lugar entre cinco mil y tres mil años antes de Cristo.

Así que ese es el origen de la forma de los cigarros. Sin embargo, el asunto de por qué tienen ese tamaño. Está claro que los cigarros son pequeños y manejables para que nos quepan en un pequeño paquete que pueda desplazarse y venderse, sobre todo,  para que nos quepan en las manos y en la boca.  Pero…

El tema de la dosis relacionada con el tamaño… mmmm… ese si que tiene miga.

Al pensar en ésto me han venido a la mente dos personas: Russell Crowe y Mercedes Milá. ¿Por qué?

La cumarina

El primero por la fantástica película “The Insider”/”El dilema” en la que  interpreta a un atribulado trabajador de una tabacalera que se atreve a ir contra sus jefes y decir la verdad sobre la “dosis” de los cigarros.  Muy peliculón.

ALERTA SPOILER: No sigas leyendo el siguiente párrafo si no has visto la peli. ALERTA SPOILER.

La película está basada en un caso real.  Gracias al “soplo” del personaje de Crowe (en realidad se llamaba J. Wigand) y un reportaje periodístico de “60 minutos”, la tabacalera Brown & Williamson fue condenada por la justicia estadounidense tras demostrarse que añadía sustancias al tabaco para incrementar su poder adictivo. Una de esas sustancias, según el testimonio de Wigand, es la Cumarina (ver bola extra abajo). Esta es la primera parte de la entrevista real, no de la película. 

BOLA EXTRA (via wikipedia) PARA PRECISAR EL TEMA “QUIMICO”: Insisto que yo sólo me estoy remitiendo a las palabras de Jeffrey Wigand. Dijo que LE AÑADÍAN una variedad de veneno para ratas a cada cigarrillo. Cada uno de ellos llevaba una dosis NO letal de cumarina, que provocaba la mejor absorción del amoniaco y por tanto generaba más adicción.  Wiggand sostuvo en 60 minutos “que desde el punto de vista químico, la cumarina es un precursor inmediato del raticida Coumadin, que la cumarina en sí misma era peligrosa y que podía ser un carcinógeno pulmonar”.

Aunque en Alemania está prohibida en alimentos, el Instituto de Evaluación de Riesgos de ese país ha establecido una “ingesta diaria tolerable”  de 0.1 mg de cumarina por kilogramo de peso del individuo y ha señalado que, si este valor se sobrepasa puntualmente, no presenta un peligro para la salud.

En fin, la química no es un asunto que domino pero…

¿Y si Wiggand tenía razón y se incluye en cada cigarro una dosis que, sumados todos los cigarros que fumemos al día, sea mínima y no letal para que sigamos fumando? ¿Y si esa dosis estuviera perféctamente calculada?

 Este podría ser un buen inicio para responder a la pregunta de F.Sebas y A.Barrera porque determinaría su forma y tamaño ¿No?

Cigarros sin control

La segunda persona que me ha venido a la cabeza es la Milá por un reportaje de investigación de esos que comandaba ella (a la misma vez que hacía Gran Hermano, eso sí) y que ponían a las mil de la madrugada para que no lo viera nadie. Yo aquel día -no recuerdo qué hora era- sí lo estaba viendo.

En este reportaje se cuentan varias cosas muy interesantes. La que más nos interesa es que el cigarro tiene 400 ingredientes declarados pero en el laboratorio español de referencia (que visita la Milá) sólo se analizan nicotina, alquitrán y monóxido de carbono. El resto -cuenta la periodista y su equipo- “aunque las autoridades sanitarias deberían investigarlos y comprobarlos, no se analizan ni verifican”.

El repor es muy MUY recomendable.

O sea, que el cigarrillo es un coctel explosivo de sustancias que ni siquiera se analizan… mmmm… ¿cuáles son esas sustancias?

Cuestión de dosis 

Esta infografía que he sacado de aquí (aunque creo que no son los autores) es muy interesante y nos habla de los componentes más conocidos.

Si este gráfico no os ha puesto los pelos de punta, a continuación algunos detalles “curiosos”de algunos componentes:

  • La nicotina es absorbida por nuestro cuerpo y pasa a la sangre y al cerebro en sólo 10 segundos después de la primera calada.
  • La nicotina activa los receptores cerebrales que producen la dopamina. Este neurotransmisor tiene muchas funciones: comportamiento y cognición, actividad motora, motivación, sueño, humor, atención, y aprendizaje, entre otros. Incluso es el regulador de la creación de leche por parte de las madres.
  • La nicotina incrementa el ritmo cardíaco, la presión arterial y produce que consumamos más oxígeno.
  • En un año, en los pulmones de un fumador se depositan  500 gramos de alquitran. 
  • El amonio (y amoniaco) aumenta el PH del humo del tabaco. Este efecto sirve para que la nicotina sea más rápidamente absorbida por el organismo.
  • El azúcar representa en torno al 3% del peso total de un cigarrillo. La combustión de los azucares  produce  acetaldehído, que refuerza el efecto adictivo de la nicotina.
  • El tabaco también lleva cacao, miel y regaliz pero no lo ponen sólo para que nos sepa dulce y no amargo: El cacao, por ejemplo, contiene una sustancia llamada teobromina, que potencia la dilatación de las vías respiratorias. Cuanto más abiertas, más humo entra. El mentol y el regaliz adormecen la garganta de manera que el fumador no pueda sentir el efecto abrasivo del humo.
  •  El tabaco también lleva piridina, un depresor del sistema nervioso central. Relaja y desestresa… ¿lo habéis notado?
  • Y por último el arsénico

¡Ah amigo! Paremos un segundo aquí porque merece la pena. Primero, observad qué usos se le dan:

  • Preservante de la madera.
  •  Material semiconductor en circuitos integrados
  • Diodos láser y LED.
  •  Aleaciones de plomo y latones.
  • Insecticida, herbicida y venenos
  • Pigmentos
  • Pirotecnia.
  • Decolorante en la fabricación del vidrio.
  • Fines terapéuticos (prácticamente abandonados por la medicina occidental)
  • Fertilizante.
  • El arsénico-73 se usa como trazador para estimar la cantidad de arsénico absorbido por el organismo y el arsénico-74 en la localización de tumores cerebrales.

Según la OMS, aunque (BOLA EXTRA) es el elemento 52º en abundancia en la tierra de forma natural, “el arsénico y -sobre todo- sus compuestos son extremadamente tóxicos”. Sobre todo se llama la atención sobre el “arsénico inorgánico”. Cito una frase que me parece clave:

“El Arsénico en el aire puede incidir en la prevalecencia del cáncer al pulmón. Se aconseja a los países que quieran desarrollar normativas ambientales que se indique un máximo permisible de 10μg/m3”.

La pregunta clave es ¿se puede vivir tomando todos estos “venenos”-el arsénico y otros- entre 20 y 60 veces al día?

Sólo por seguir con el ejemplo del arsénico. Leo que “tiene una vida media de 10 horas en el organismo, se fija en el hígado, riñón, pared gastrointestinal, bazo y piel. Sólo se excreta  por orina y 10 días después del último contacto con él todavía lo encontrarían en el organismo si nos hicieran un análisis.

BOLA EXTRA HISTÓRICA: 

En la Edad Media, el arsénico era conocido como “rey de los venenos” pero también como “veneno de reyes”. Se especula con la posibilidad de que varios de los crimenes de los Borgia fueran con arsénico. Se sospecha que Napoleón Bonaparte también falleció asesinado de esta manera. Según he leído, el arsénico no tiene sabor, pero presenta olor a almendra y su efecto es similar al de una infección estomacal sin gran importancia.  

Unos “angelitos” los Borgia, pero tengo la sensación que los amigos de las tabacaleras son sus dignos sucesores. Lo que  lleva en su interior el cigarro es muy peligroso, pero su tamaño y cantidad mínima y calculada hace que la dosis que nos tomamos en un día no sea suficiente para hacernos caer redondos.

Esa es la explicación de su forma y tamaño y es cruel: Que no nos mate lo que tanto dinero da a estados y empresas, pero que sigamos consumiéndolo (por la vía de la adicción) hasta la muerte. 

Yo no fumo pero a vosotros… ¿No os dan ganas de tirar todas vuestras cajetillas por la ventana ya mismo? 

3 comentarios en “La dosis del cigarro

  1. El cigarrillo es un invento sevillano, que se popularizó en todo el mundo gracias a las guerras napoleónicas. Los daneses flipaban con las tropas del marqués de la Romana enviadas por Godoy al país nórdico, que preferían sus pitillos (los primeros que se veían por Centroeuropa) a fumar en pipa… Tras la invasión napoleónica de España, las tropas francesas (con muchos españoles alistados a su servicio), al salir de la Península rumbo a los campos de batalla europeos, llevaron con ellos sus baratos sustitutivos de los verdaderos cigarros…los puros…

  2. Respecto a la composición química y la dosis de los cigarros, recuerdo que cuando yo era un adolescente, hará ya quince años, un amigo me regaló dos paquetes de Winston que tenía en su casa “de cuando se casaron sus padres”. Por aquellos días, el inconsciente de mí se fumaba casi un paquete de tabaco al día, pero con aquellos cigarros traídos de los locos años 70 no podía. A penas un par de caladas, y mi sed de nicotina estaba saciada para el resto de la tarde. Desafortunadamente, no recuerdo las cantidades exactas de monóxido de carbono y nicotina que venían especificadas en cada paquete, pero sí que eran sólo ligeramente superiores a las que figuraban en el Chesterfield que habitualmente consumía. Por tanto, la diferencia que notaba entre el tabaco de la época y el Winston de los 70 debía de estar en otra parte…

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