Querida Iberdrola


Estimada Iberdrola:

Me dirijo a usted en femenino aunque imagino que usted no tiene sexo. No, no se asuste, me refiero a que no tiene género como ente-gigantesco-transnacional-sin cara que es. Disculpe si es usted un hombre con nombre terminado en A, pero a mi me suena a femenino. Como Jesús María o José María.

Dicho lo cual (que no tenía importancia pero quería aclararlo) paso a lo importante. Ya le aviso que quizás no le agrade.

Vivo en una bonita casa a las afueras de Murcia (donde queremos vivir de la energía solar pero no nos dejan, aunque esa es otra historia) y soy uno de esos agraciados clientes que les pagan cada dos meses una -también muy bonita- factura. Si ustedes comprueban mi nombre y demás datos verán que así es, y que no he fallado ni un mes a pesar del almodovariano precio que nos cobran. Por llamarlo de alguna manera.

No crea que soy persona de mucho quejarme pero entiéndame: De bueno que soy, no quiero parecer tonto. Si usted compra algo -por ejemplo, un marcapasos- que tiene que ser permanente… ¿le molesta que se corte arbitrariamente? Imagine que usted llevara un marcapasos y se le parara cada cinco minutos. Que feo estaría morirse ¿verdad?

El primer año tuvimos decenas de cortes de luz. Y el segundo más. Y el tercero… y el cuarto… No es cosa que pueda cuantificar porque no he instalado en la cocina un tablero para anotar los goles que me cuela usted pero si tengo una lista de objetos -llamémoslos “valiosos”- que han sufrido las consecuencias:

  • Una lavadora
  • una placa de inducción de cocina
  • una PlayStation3

Los tres aparatos “murieron” tras sendos cortes de luz. Dirá usted que no se puede establecer la causa efecto pero el técnico de la cocina parecía un tipo entendido y fue lo primero que preguntó:

-¿Tenéis cortes de luz?

Aquel día la luz se había ido en una sola mañana en toda la manzana donde vivimos por lo menos cinco veces. Pero bueno, quizás no tenga que ver. Quién sabe. Nosotros no somos entendidos en la materia e imagino que el técnico tampoco.

En otra ocasión, perdimos toda la comida del congelador porque falló la luz durante varias horas. Había unas gambas de esas baratas del Carrefour que -no sé si me entiende- es lo que, con las facturas de la luz que pagamos, nos podemos permitir.

Dirá usted por qué le estoy escribiendo esta carta tan amable. Se lo voy a explicar muy rápido. Hoy mientras hacía la comida a mediodía se ha ido y ha vuelto la luz seis veces seguidas en menos de diez minutos. Le voy a decir la verdad: casi no me ha molestado ver como mi ordenador personal recién comprado tenía que reiniciarse con fallos en el disco duro.

Lo que verdaderamente me ha jodido (y voy a acabar de escribir porque me van a empezar a fallar las formas si sigo) es que tenía que darle el biberón a mi niña de 6 meses y he sido incapaz de calentarlo en pleno invierno. Es usted un monstruo por eso.

Mire: Para cortar la luz a los parados que no tienen con qué pagar usted, señora Iberdrola, es rapidísima. Mortalmente rápida, diría yo.

Venga a mi casa con la misma rapidez y arregle esto.

2 comentarios en “Querida Iberdrola

  1. Te quedas corto en los piropos…
    Besicos, muchos

  2. Pingback: Querida Iberdrola

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