100.000 duros


Este fin de semana he estado dando un paseo en buena compañía por el Malecón de Murcia.

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Al llegar al famoso “Casa Paco” (que, aunque no tiene nada que ver, siempre me recuerda ésta canción de Pereza) hemos visto una estatua que hasta ahora me había pasado desapercibida.  El bueno de @santiago_pb (A quien va dedicado este post) me ha preguntado si sabía quién era.

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Esa pregunta ha activado al 110% mis neuronas de la curiosidad. Siempre digo que me gusta saber cosas, sin embargo, lo que más me gusta es no saberlas: es el mejor motivo para investigarlas.¿Os venís conmigo a conocer a este señor? ¡Vamos! Giremos alrededor de la estatua para leer un bonito texto grabado en su pilar:

"Jose M. Muñoz socorrió con cien mil duros a los inundados de 1879 haciéndose digno de universal gratitud".

Lo primero que nos hace falta saber es quienes eran esos “inundados de 1879”. Se trata de una historia triste que ocurrió en Murcia la noche entre un 14 y un 15 de Octubre, día de Santa Teresa.

 La Riada de Santa Teresa

Grabado titulado “El río Segura en Murcia durante la Riada de Santa Teresa de 1879” del francés Gustave Doré

Se trata de uno de los episodios de lluvia torrencial más importante de la historia moderna de España. Se llama “de Santa Teresa” aunque el episodio meteorológico comenzó el día 14  de octubre de 1879. Era el día de San Calixto. LLovía muy fuerte en todo el sureste y las primeras tormentas desbordaron los ríos Luchena y Vélez.  El campo de Lorca fue el primero en sufrir fortísimas inundaciones.

BOLA EXTRA: ¿Cómo se estima cuanto llovió en la cabecera del Guadalentín si en la época no había pluvíometros? Los datos no son del todo fiables cuando se habla de que llegaron a caer 600 mm en tan solo una hora. ¿Por qué se da por bueno entonces? He encontrado en un blog (MurciaMET)  que el dato se basa en este curioso mensaje localizado en textos de la época:

"A ocho kilómetros de Vélez Rubio y tres de las sierras de las Estancias, existe el cortijo de Calderón, con un espacioso corral: en su centro había aquella mañana una caldera de cobre, de forma de prismático-rectangular, cuyas dimensiones eran de dos metros de largo, medio de ancho y setenta centímetros de profundidad. Al empezar la lluvia se encontraba del todo vacía y lejos de las paredes del corral; cuando hacía una hora que las nubes arrojaban el agua a torrentes, dispuso el dueño del cortijo trasladar la caldera al interior de la casa para recoger en ella la goteras que amenazaban anegar la planta baja, y vio que no sólo estaba completamente llena, sino que rebosaba por todas partes".

Curiosa medición. Sigamos.

Con estas tremendas cantidades de lluvia en sólo dos horas, el Guadalentín alcanzó un caudal en Lorca de 1.450 m³ por segundo. Se desbordó y creó “un frente de agua de casi 20 kilómetros” -según la prensa de la época-  causando inmensos daños en toda la cuenca. Sus aguas destrozaron Totana, Alhama y Librilla y llegaron hasta la ciudad de Murcia conectando con las del Segura que también bajaba tremendo. Lo alimentaban al noroeste los ríos Mundo, Alhárabe, Argos, Quípar y Mula que también tuvieron fuertes crecidas.

Ls aguas de ambas riadas formaron una “tormenta perfecta” primero en las pedanías de Murcia y después en las calles de la capital de la Región. En sólo dos horas, se alcanzaron los 1.890 m³ por segundo en Murcia y se superaron los 2.000 m³ por segundo en Orihuela. Para que tengáis un dato: Nuestro río  subió diez metros y medio frente al Palacio del Almudí sin que existiera la canalización actual.  Los daños fueron tremendos.

A las dos de la madrugada del 15 de Octubre el agua inundaba ya el Barrio del Carmen por la calle Cartagena y la Alameda de Colón. La ciudad de Murcia estaba sitiada por la furia del agua. El teniente de alcalde, según la prensa de la época, “ordenó que repicaran las campanas de la Catedral, secundando ese mandato todas las parroquias y conventos”. La ciudad se quedó a oscuras tras la inundación de la fábrica de gas. El hospital, la cárcel y el instituto quedaron también bajo el agua. Era el infierno.  Pedro Díaz Cassou, abogado y escritor murciano que vivió de cerca la catástrofe, lo contaba así:

"La antorcha se me cae de la mano y se apodera de mí una angustia indefinible; la noche y su oscuridad que aumenta todos los horrores, el estruendo de las aguas, voces de los que mandan, carruajes a escape, galopar de jinetes, antorchas que brillan, pasan y dejan en pos mayor oscuridad. A lo lejos el toque de alarma de cuernos y caracolas... gritos de agonía y dominándolo todo el estruendo de las aguas, la voz suprema del río parecida a la voz de Dios que es, dice el libro santo, como el rumor de muchas aguas juntas."

En algunas casas de Orihuela el agua subió 4 metros de alto. En Nonduermas o Aljucer se midieron 2 metros y medio.

El día después

Ésta que veis es la portada del Diario de Murcia del día siguiente. Como os podéis imaginar, la inundación arrasó el Valle del Guadalentín, y toda la Vega del Segura. Murieron más de 1.000 personas que el diario describe como “esos desgraciados, oscuros hijos del trabajo”. Según las crónicas de la época 5.762 viviendas quedaron totalmente destruidas en Murcia y Lorca y 22.469 animales fueron arrastrados por las aguas.

Tras el desastre se organizaron colectas benéficas para los damnificados. La más importante (Y esto es motivo de orgullo para los periodistas) fue la organizada por la prensa murciana. Aquí  podéis algunos ejemplos:

  •  José Martínez Tornel, director de El Diario de Murcia, organizó una campaña para recoger dinero y ropa para los damnificados.
  • El Comité de la Prensa Francesa editó un periódico llamado “Paris-Murcie” en el que escribieron Víctor Hugo y Emile Zola. Recaudaron 43 millones de pesetas.

  • En España, los diarios El Imparcial, el Globo, La Correspondencia y El liberal enviaron periodistas a Murcia para que todo el país supiera lo que estaba pasando en nuestra tierra. En la plaza de Hernandez Amores (muchos la llamáis “Plaza de la Cruz”) está este sobrio homenaje a su trabajo. A mi me emociona verlo porque pienso que el periodismo vale de algo.

  • Y ya que os hablo de periodismo: el caso más impresionante es el de la revista La Ilustración Española y Americana. Contrató a un fotógrafo (Juan Almagro, se llamaba) que plasmó las consecuencias… ¡en fotos!. Sus imágenes están en el número del 30 de octubre de 1879 por si quereis consultarlas.  Son LAS ÚNICAS que existen de la catástrofe en la prensa de la época. Esta es una de sus fotografías y podéis ver más en este blog. Imaginaos a Almagro, cámara y demás componentes en mano, entre las cañas y el barro. Bravo por él.

Y por fin, en este torrente de solidaridad promovido por los periodistas murcianos llegamos a la figura de José María Muñoz. En muchas páginas he leído que se trata de un “acaudalado personaje murciano”. No es exactamente cierto.

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¿Un santo o un vanidoso?

Lo primero, su nombre. Aunque no lo diga su estatua se llamaba José María Muñoz y Bajo de Mengíbar. Y no, no era de Murcia. Lo siento.


Este grabado está publicado en el periódico “La Ilustración Española y Americana” del Año XXIII, Número XL, pág.272. Se puede consultar on line desde la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

Nació en Cabezuela del Valle (del Jerte) en Cáceres en 1814. Era empresario y viajaba con cierta frecuencia a América por negocios. Tampoco vivía en Murcia sino en Alicante donde es “hijo predilecto de la ciudad”.

Al parecer, era muy conocido por sus obras benéficas. Esta vez, “abrumado por la tragedia de la riada”,dice la prensa, donó importantísimas cantidades de dinero en Murcia, Almería  y Alicante:  cien mil duros a Murcia,  otros cien mil a Cuevas de Almanzora, y más de dos millones de reales a la ciudad de Orihuela, donde vivió desde los 63 años.

Según la prensa de la época, “en agradecimiento a estas tremendas donaciones”, se colocaron “por suscripción popular” estatuas en su honor en cuatro ciudades: Murcia, Alicante, Orihuela y Cuevas de Almanzora.  En alguna de estas localidades a la estatua de Muñoz le llaman “El Santo Negro“. En esta foto de Cuevas de Almanzora podéis comprobar por qué.

Según leo (A Antonio Luis Galiano, cronista oficial de Orihuela) la razón es sencilla: La estatua de la Plaza de la Constitución de Cuevas de Almanzora a principios del siglo XX fue pintada de color negro para evitar que se oxidara. La gente lo veía ahi arriba tan oscuro y pasó de ser “héroe de la caridad” -así le gustaba que le llamaran- a “El Santo Negro”. Hay que ver… hacemos guasa de todo.

Muchas personas, entre ellos el periodista murciano Antonio Botías, están todavía preguntándose si fue la vanidad de Muñoz o la suscripción pública la que pagó esas estatuas en estas 4 ciudades españolas. Tal y como nos desvela en su artículo, hay alguna noticia de que se realizaron donaciones (pequeñas) para hacer las estatuas pero no queda claro si finalmente tuvo que pagarlas él mismo o su familia. Nunca lo sabremos.

Y además… más leña al fuego para prender la leyenda negra de estas estatuas y la personalidad de Muñoz: la periodista francesa Marthe Maillé escribió un reportaje sobre la ciudad de Alicante y al hablar de la estatua de Muñoz (en 1892) escribió esto:

"Las malas lenguas afirmaban que con sus buenas acciones con los menesterosos deseaba expiar algunos pecados pues parece ser que se había dedicado al tráfico de esclavos durante su estancia en tierras americanas."

¡Sorpresa!  ¿Os habéis quedado a cuadros como yo? ¿Tenemos en Murcia una estatua que homenajea a un esclavista? No es una historia confirmada. De hecho, el cronista oficial de Orihuela desmiente este asunto a través de una anécdota narrada por los biógrafos pagados por el propio Muñoz:

Encontrándose en América (...)  un compatriota que deseaba regresar a España le adeudaba la sustanciosa cantidad de 200.000 reales, y al no poderle pagar, después de numerosas prórrogas, le ofreció a cambio de la deuda, cuatro esclavos negros para así liquidarla. Muñoz aceptó el pago, pero de inmediato rompiendo las ligaduras de los esclavos les dijo: «Queridos hermanos y amigos, ya sois libres», firmando a continuación su carta de libertad.

Y con esta aclaración llegamos al final. Cada uno que escoja su historia:  Fuera un Santo, un filántropo, un vanidoso o alguien que tenía que lavar sus pecados, sus donaciones están ahí. Y con ellas paso a  la historia también. En el diario de Murcia se le describe como uno de esos hombres “gigantes, faros luminosos, estrellas esplendorosas que guían y alumbran a la Humanidad”.

Muñoz donó a los murcianos (y a los alicantinos y a los almerienses) parte de su fortuna y espero que hayáis disfrutado, como yo, conociendo su historia.

5 comentarios en “100.000 duros

  1. Grande Javi! Mira que paso casi a diario por la estatua y nunca me había fijado. Mi excusa es que la circundo a toda prisa en los entrenamientos. 😉
    Menuda historia más bien documentada.

  2. Gracias Javi.
    Un besito de la In.

  3. Algunas de mis caminatas diarias son sin duda las del malecón y cuando llego a la estatua doy la vuelta y hago el recorrido al revés dirección de mi casa. La primera vez me paré a ver quien era este ilustre hombre. Quise saber más, no lo conseguí. Así que, querido Javier, muchas gracias por haberme ilustrado una duda que yo tenía.
    Me gustan tus naraciones.
    Ciao

  4. Los de Maristas la conocemos todos: el de Educación Física nos mandaba correr “hasta el Señor Muñoz y volver”. Yo le tenía bastante manía

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