Un palo con pinchos


Mientras todo el mundo le presta atención a lo de Bárcenas (yo también) leo con atención esta noticia:

El preso más joven de la cárcel de Palma es Andreu Coll Tur, de 18 años, que reconoció ante el juez que había matado a su padre. (…) El acusado actuó, el 30 de junio, en compañía de un amigo de Zaragoza, Francisco Abas, de 20 años, -también detenido- a quien conoció un año atrás al formar pareja virtual en foros de juegos por Internet, y después le invitó a pasar las vacaciones con él. El amigo confesó al juez que ayudó a su amigo a matar a su padre por amor; y el hijo del empresario afirmó que ambos, sin su padre, podrían vivir tranquilos. La Guardia Civil supone que  elaboraron su acción siguiendo pautas vistas en sus juegos violentos, por ejemplo Call of Duty. (leer la noticia completa) 

Andreu Coll, detenido el viernes por matar a su padre en Mallorca. / MONTSERRAT T DIEZ (EFE)

Otra vez la misma historia. De nuevo se asocia un crimen violento cometido por un joven a los videojuegos. Otra vez las mismas mentiras. De nuevo el mismo discurso innecesario. De nuevo mucho desconocimiento. ¿De verdad es necesario titular la noticia diciendo que el chaval “se inspiró en un videojuego” para matar a su padre? Yo creo que no.

Hace ahora 13 años del crimen de la katana en Murcia. El suceso conmocionó al barrio de mi familia, a la ciudad y a todo el país.

Un policía, con la catana utilizada en el crimen, sale de la vivienda donde ocurrió el crimen. / EFE

Fue un crimen violento, brutal. Sí. Sin duda. Pero se dijeron muchas cosas con las que no puedo estar de acuerdo sobre la relación que había entre el suceso, los problemas mentales de Rabadán y el videojuego Final Fantasy. Yo jugaba a aquel juego a la misma vez (por una cuestión de edad) que Rabadán y millones de personas en todo el mundo. Y nuestros destinos fueron -está claro- distintos.

Lo primero que se dijo es que era un juego SUPERviolento. Eso es falso. Cualquiera que le haya dedicado 5 minutos a jugar o comprobar si es así se carcajeará de esta afirmación.  Es bochornoso que se pueda calificar esta saga de juegos como algo violento o muy violento. Si la saga Final Fantasy se caracteriza por algo es por músicas relajantes, mangas elegantes, movimientos pausados, combates por turnos “pensados para pensar” en estrategias, lentos diálogos y, que no se olvide, historias de amor.

¿Se molestó algún policía, forense o periodista en mirar cómo era el juego o se dejaron llevar por el sensacionalismo? Se guiaron, en mi opinión, por el más absoluto desconocimiento. Por supuesto que hay luchas en la saga FF, como en casi todos los videojuegos. De hecho, como en casi TODOS los libros, películas o telediarios que ven los adolescentes -y los que no lo somos- a diario.  Pero esa es otra historia. Antes quiero aclarar algo.

Es un pequeño detalle que describe muy bien el desconocimiento con el que se habló de la adicción de Rabadán al FF. Se dijo que Rabadán -que sufría problemas psiquiátricos- se vestía y peinaba igual que Squall Lionhart (el personaje del juego) y que le imitaba en su violencia contra seres horribles salidos de su mente.

La realidad es que leí en varios diarios párrafos como este:

“Imitaba al personaje de un juego de inspiración oriental en el que un samurai armado con una espada luchaba contra demonios nacidos de su propia mente en los que se habían convertido las personas que amaba“.

La realidad, la tozuda realidad, es que si Rabadán estaba imitando a alguien era al personaje de otro juego de la época al que también tuve el placer de jugar como otros tantos millones de personas que no se han convertido en asesinos en masa: el Onimusha.

El problema, imagino, es que el personaje ya no se parecía tanto y se estropeaba la historia. “No dejes que la realidad te estropee una noticia”, dicen. Pues eso.

Una generación de madres y padres españoles maduraron a sus hijos con el miedo a estar criando bestias asesinas que se inspirarían en videojuegos “violentos” para matarlos. Tremendo. Nadie se acordaba de que este chaval tenía problemas mentales, de la situación de desestructuración familiar y social que vivía ni de nada. Lo importante era el videojuego.

Después de ese caso hubo más. Recuerdo leer también que el asesino de la isla de Utoya se basó en videojuegos para cometer su masacre. Parece que a nadie le importó que era un ultraderechista convencido, alimentado por el odio político a los diferentes. Lo importante era que jugaba al Call of duty y otros juegos. Da igual si estamos creando una sociedad en la que la falta de diálogo con los semejantes no deja alternativas a algunos. Da igual que la política se haya desprestigiado. Da lo mismo que en algunos paises comprar un arma blanca o un arma de fuego sea igual de fácil que comprar una cocacola. Da lo mismo. Lo importante era el videojuego.

Con este enojo llego al día de hoy y leo esto:

El hijo del empresario había elaborado el arma punzante, semanas atrás, para imitar un instrumento mortal a imagen de las mazas medievales que aparece ahora los videojuegos. Los dos jóvenes se dedicaron obsesivamente a jugar en sus consolas en retos de sangre enDead Rising 2, Infamous 2.

Alucino.

Y ojo, como no soy psicólogo no voy a pontificar sobre efectos positivos o negativos de los videojuegos. Ya hay muchas opiniones sobre esto… simplemente voy a dar algunos datos y hacer algunaspreguntas:  Por ejemplo, se calcula que en el mundo hay 40 millones de jugadores activos online SÓLO en la popular saga Call of Duty. 

Hay cientos de juegos online en los que la acción consiste en destruir a un enemigo por métodos violentos como disparar, lanzar hechizos o atacar a través de armas blancas medievales o actuales. La cifra es mareante y puede rondar los 500 millones de jugadores. Si contamos las personas que juegan a juegos de ordenador y consola sin conectarse a Internet, la cifra es incalculable. La pregunta es clara: ¿cuantos de esos jugadores se están convirtiendo o se han convertido ya en delincuentes violentos o asesinos? ¿Cuantos casos de asesinos o personas con historial violento se pueden asociar a estas practicas? Yo soy uno de esos jugadores (de este y de otros muchos juegos) y cada vez que veo estas noticias me lo pregunto: ¿De verdad soy un asesino en potencia? ¿Cuántos jugadores de Call of duty y otros juegos cometen actos violentos? ¿En qué estadística se basan los que afirman que si?

En el mundo millones de personas ven en la tele asesinatos, violaciones, sexo machista, conductas disfuncionales, peleas, agresiones verbales y físicas y un largo etcétera de conductas que podríamos considerar reprochables todos los días.

En el mundo miles de personas animan en los estadios a deportistas violentos o son ellos mismos los que compiten -no siempre deportivamente- haciendo deporte para satisfacer -a veces de cualquier manera- sus ansias de ganar…

En el mundo miles de personas leen libros, ven series, consumen películas en los/las  que se describen actitudes violentas, separadas de lo habitual, excéntricas…

En el mundo, hay miles de personas que se dejan llevar en celebraciones o espectáculos donde la muerte, el riesgo y la sangre están unidos a la tradición junto a otras muchas cosas.

¿Cuantos de los que veis Dexter sois asesinos en potencia? ¿Cuantos de los que alabáis el juego duro de Pepe golpearíais a un rival? ¿cuantos de los que vais a los toros clavaríais una espada a un animal? ¿Cuantos de los que observáis a Bretón en la tele mataríais a vuestros hijos? ¿Cuantos de los que jugáis a Call of duty sentís la necesidad de matar con un rifle de francotirador?

Yo se que ninguno. Y se que quizás mis preguntas os hayan escandalizado y molestado. A mi me pasa constantemente cuando leo que se asocia el asesinato con los videojuegos violentos.

La palabra que he subrayado en negrita un poco más arriba es la clave, en mi opinión. La obsesión es lo que determina el comportamiento disfuncional de estos chavales, no el propio videojuego, película, libro o cualquier otra cosa que estén haciendo. El problema es que el niño se entretiene con el videojuego hasta que el descontrol convierte su relación con él en algo complicado. Muchos padres han convertido la nintendo DS o la PSP en una niñera del chaval cuando salen a la calle por comodidad o simplemente porque no tienen tiempo para dedicarles un rato. No me negareis que ahí el problema no es mucho más complejo que el hecho de que los videojuegos sean violentos. ¿juega el padre con su hijo? ¿le acompañó a comprar el videojuego? ¿se informó sobre su limitación de edad? ¿cuantas horas le deja jugar al día? ¿le ha enseñado a divertirse con otros placeres de la vida?

El niño aislado, está callado, pero los problemas vendrán después y NO SÓLO tendrán que ver con un videojuego violento.

 

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