Once we were romans


Roma es la ciudad donde todo parece mirarte antes de que tú lo mires.
 
 
Un lugar donde el agua fluye ordenada desde hace dos mil años. 
 
 Donde la iglesia sigue diciendo donde colocar los cuadros 
 

Un espacio donde el arte sigue siendo mercancía, a la vez y de forma desordenada, para curiosos y para verdaderos compradores.

El lugar en el que curvas, rectas, triángulos y parábolas juegan con los arquitectos y escultores. 

Un remolino de ruidos, de luces, de guardias desbordados por el río del tráfico que todo lo inunda. 

La cuna, iluminada por tenues luces arqueológicas, donde duermen los restos de la civilización más grande que ha poblado el mediterráneo.   

Un puzzle, una entelequia, un garabato desdibujado a veces por el descuido de sus habitantes. 

La meca del buscador de imágenes que, como monedas, relucen en el fondo de una fontana. 

Un museo a cielo abierto en continua y poco financiada remodelación 

 
 
El puerto de la misma miseria que he visto en otras grandes ciudades y que he intentado retratar con respeto.  
 
La urbe de las calles empedradas donde los romanos oyen las pisadas de sus antepasados. 
 
La villa de los pedigueños encorvados a puertas de las casas de dios. Acechando a nuestra misericordia no se sabe si por puro negocio. 

Un lugar donde cualquier rayo de luz merece ser contemplado durante horas hasta conseguir la foto deseada. 

Aunque algunas, en un alarde de su belleza asiática, pretendan competir con la reina Roma.

 

O aunque alguno, en su infinita “sapienzia” romana, tengan el coliseo tan estudiado que prefieran esperar a la sombra de un buen cigarro. 

Roma te hace sentir como un niño que imagina ser un general que acaba de entrar a sus puertas victorioso. 

Quizás estas piedras del foro fueron pisadas por Cesar o Nerón, piensas, mientras la cámara hace “click”
 
 
Y entiendes a los artistas que se tiran en cualquier rincón a dibujar sus trazos. 

Y disfrutas viendo a los americanos al sol pensando que les gusta más milwaukee que esta ciudad abrasadora.
  

Como si el tiempo no hubiera pasado, te cruzas con el clero que “ora” mientras tu “laboras.”

Y es inevitable dejarse llevar por cierta sensación celestial contemplando tanto arte. 

Y tantas golondrinas en el cielo…
 
 
Y tanto amor…
Roma te toca con sus manos de mármol de carrara… y nunca más te suelta.
Acabas buscando luces imposibles. Ángulos difíciles, fotos de otras fotos, luces que no existen en la primera foto. 
 
Y suena la música que sólo suena en las grandes ciudades. 
 
 
Roma te atraviesa. 
 


Da igual lo lejos que esté tu destino de vuelta. 

 
 

                      Brindo por volver. Un día fuimos romanos. 
                                Y siempre seremos romanos. 

 

3 comentarios en “Once we were romans

  1. La foto de la escultura del flautista es sencillamente acojonante. Enhorabuena.

  2. "…pero antes, griegos…y después, cristianos…." Sensacional post. Qué bien se lo tuvo que pasar el reportero de Lonely Westeros…

  3. Pingback: Diario de Marko Ramius | Ozymandias

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