Buceando en la vida de J.R. Agee


Hace poco mi amigo Toni -un tipo verdaderamente recomendable que siempre me descubre ideas, libros y personajes que suelen estar apartados del foco principal de la sociedad- me habló de James Rufus Agee.




Lo hizo mientras sujetaba en su mano una película de las que tengo en mi colección. Un clasicazo: “La reina de África”, de la que él fue guionista (Qué poquico se habla de los guionistas y qué importantes son en la historia del cine.)

Mientras me hablaba de Agee pensé que quizás debería sonarme por el hecho de que fuera escritor y periodista en la década de los 50, pero no es así. Uno no puedo saberlo todo, pensé. Pero un segundo después, igual que hago siempre que me pasa algo parecido, me puse a buscar sobre él, casi compulsivamente. No puedo estar sin saber.

Lo primero que descubro es que ganó el premio Pulitzer por su novela “Una muerte en la familia” (1957) He estado buscando un fragmento y al final he encontrado este:

 No quiero referirme ahora a los juegos con que se divertían los niños por la tarde, sino a un ambiente contemporáneo que tenía poco que ver con ellos: el de los padres de familia, cada uno en su jardín, con la camisa que se les decoloraba a la luz artificial y el rostro gris, regando las plantas. Las mangueras estaban fijadas a grifos que salían de los cimientos de ladrillo de las casas. 

Las lanzas de las mangueras eran de muy diversas formas; pero, generalmente, lanzaban un bonito chorro de espuma. La lanza yacía mojada en la mano que la sostenía, y había gotas de agua en el antebrazo derecho y el agua trazaba un cono largo y estrecho, curvado, produciendo un grato sonido. Al principio, el ruido de la lanza era violento; luego irregular, de ajuste, y después íbase suavizando hasta convertirse en un tono constante y perfectamente acordado con el volumen y el estilo del chorro, como un violín. ¡Cuántos tonos de sonido salen de una manguera! ¡Cuántas diferencias corales en aquellas mangueras que estaban al alcance del oído! Fuera de cada manguera, el silencio casi absoluto de la suelta, y el suave y corto arco de las gotas grandes desprendidas, silente como el aliento contenido, y el único ruido el grato son en las hojas y el césped al caer sobre ellos cada una de aquellas grandes gotas. 

Eso y el fuerte silbo con el impetuoso chorro; eso, y aquella impetuosidad haciéndose, no menor, sino más apacible y dulce al ser movida la lanza, hasta aquel murmullo extremadamente tierno cuando el agua no era más que una campana lejana que daba un toque para anunciar que podía romperse el silencio. 

Que gran descripción. Me recuerda un poco a mi adorado Steinbecky creo que tiene sentido que lo haga: igual que mi mítico escritor fetiche, Agee conocía muy bien la América de 1929, en plena crisis. La américa que dibujó Steinbeck en “Las uvas de la ira.” 


Al parecer, Agee también trabajó -durante al menos un verano- en los campos de trigo de Nebraska y Kansas. Seguro que fue suficiente para observar las penurias y desventuras de la “working class” americana, golpeada por la miseria mientras los magnates de Wall Street se tiraban desde las ventanas. Eso tiene que curtir.

Trabajo como escritor de plantilla de “Fortune” y en Time y allí se unió –como pareja laboral- en 1936 al fotógrafo Walker Evans. Durante un verano entero estuvo haciendo lo que, en mi opinión, debería hacer cualquier periodista al menos una vez en su vida: pasar varios meses entrevistando y fotografiando a familias de pequeños agricultores para extraer de ellos su “mar de fondo”, sus motivaciones, su vida…. Una historia, un repor de verdad.

Y aquí viene la parte de la historia que me llamó la atención cuando Toni me la contaba: Fortune NUNCA  publicó los artículos que le encargó en su viaje de 1936. Qué sensación tan brutalmente reconocible para cualquier periodista. Hacer bien tu trabajo y que no valga por algún criterio al margen del periodismo es… frustrante.   

Los textos, por suerte, se recopilaron luego en un libro publicado en 1941 titulado “Elogiemos ahora a hombres famosos”. Lo leeré en breve. 

Según leo en la wiki:  ha sido seleccionado por la Biblioteca Pública de Nueva York como uno de los mejores libros del siglo XX.

Escuchando: Rufus Wainwright The Art Teacher

Un comentario en “Buceando en la vida de J.R. Agee

  1. Que bueno!Ahora habrá que buscar el libro. ¿no?

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