Lucha callejera por cinco duros


Esta es la historia de un grupo de tipos que quedan para pegarse  en distintos lugares del mundo. Fans de la no-violencia, aqui no hay sitio para vosotros. Esto es Street Fighter II.
De hecho, en esta historia hay uno que parece Gandi. Lo conoceréis por su calva y sus posturas rollo sidharta,  pero -creedme- en realidad no se le parece en nada. En nada. Este da hostias como panes. Aquí lo podéis observar dando una al mismísimo Ryu con Ganesh y tres elefantes observando. Se dice y se comenta que los elefantes sufrieron un gran stress por contemplar tantas peleas y permanecer horas y horas apiñados en aquel lugar tan pequeños. Dos de ellos denunciaron a los creadores de SFII. Perdieron el juicio.
La filosofía de street Fighter está clara y se puede resumir en una frase:  ¿Por qué viajar para hacer turismo cuando puede hacerlo repartiendo tortazos, calambres y “ayukes” (hadoukens, sic) por todo el planeta? En este mapa se pueden observar los destinos con la OMINOSA exclusión del mapa de canarias, Islas Azores y Madagascar. Sus gobiernos autónomos lucharon durante años por aparecer en el mapa.
En cuanto a la elección de los lugares hay varias teorías. Una dice que se barajaron los nombres de  Carabanchel bajo, Puerto Lumbreras y Ladruñan, provincia de Teruel. Sin embargo, eligieron destinos más exóticos: por ejemplo, una  fábrica rusa repleta de proletarios soviéticos vociferantes en la que vemos luchar a M Bison y a Sagat.
También se usó como escenario una base de aviones americana donde abundan sospechosas tías buenas abrazadas a los soldados.  ¿Eran mujeres soldado? ¿eran sus novias? ¿que hacían las mujeres dentro de la base? Ajenos a este turbio asunto aquí vemos al musculoso soldado ario-americano Guile haciendo su famosa patada frente a un abochornado blanka.
Otro de los lugares para los combates. un salón de baños y masaje -sin final feliz- en pleno imperio del sol naciente donde el agua se desborda continuamente. Menudo desperdicio. Trasvase Hokkaido-Murcia ya hombre!
La clave del juego era  el movimiento. Hasta street fighter había patada, puñetazo y poco más… Ahora, da igual que enseñes las bragas, como en la siguiente imagen, lo importante es que te mueves muuuy rápido para pegarle al gordo que tienes enfrente.
Eso si, si el que se enfrenta contigo es un karateka llamado Ryu, que viene a tu barrio a buscar camorra, la cosa es más complicada.
Y es que algunos de tus enemigos tienen poderes que van mas allá de su karate o sus volteretas: te pueden lanzar un Hadouken. O como se llamó en España: un ayuke. No era un arma definitiva y se eludía con un salto o cubriéndose, pero aquella simple tortilla voladora de colores (azul, rojo…) era realmente un fantástico golpe de efecto.
También había otras magias: las de Dhalsim eran capaces de prenderte fuego como si fueras monte bajo un cuatro de agosto.
Luego estaban las magias de los personajes de las pantallas finales. En Street Fighter dos coma (Así lo llamaba yo) te podías coger a M Bison que hacía una magia bestial que se llevaba por delante cualquier cosa. El tipo no paraba de dar vueltas y acababa muy mareado pero era casi invencible. Aquí lo vemos en acción.
Algunos personajes no tenían magias muy ostentosas. Sin embargo podían agarrarte con fuerza y hacer que tu marcador de vida bajase de forma brutal. Aquí vemos a Honda obligando al ruso Zangief a hacerle una felación en toda regla en el baño desbordante que -ahora si- nos parece un poco gay.

También estaban las magias rollo helicóptero. Muy efectistas y poco útiles pero quedabas como dios si sabías hacerlas.
Aquí otro ejemplo. El ruso, enfadado de tanto recibir, le provoca al japonés un clarísimo ataque al corazón.
El problema, claramente, era cuando intentabas usar todas estas llaves lentas con enemigos que te superaban en rapidez. Te daban mas golpes que pelos en la cresta tiene Zangief. Aquí un ejemplo en un combate entre el sovietico y Vega.
Al final el juego te enseñaba varias cosas: la primera es que perder es un deshonor que te vuelve triste y feo y te obliga a pagar más dinero para conseguir ser un ganador.
La segunda es que cuando ganas tienes que restregarselo por la cara a tus adversarios…
… y, si podías, reírte de ellos (esto es muy de patio de colegio) en la pose más fardona que puedas. 
La tercera es que no hay enemigo pequeño, incluso si ese enemigo es la única mujer del juego. Eran los noventa y no se veía a muchas chicas jugando a este juego (le gustaba más el tetris o el pang donde había verdaderas campeonas) pero seguro que la que jugara se cogía a la ChunLí. Y ojo: era de las buenas. De hecho en muchos combates a dobles estaba prohibida. 
La cuarta era que si querías hacerle daño a tus enemigos, lo mejor era destrozarles el coche como está haciendo Vega -el español vestido de torero con garras de Fredie- en esta captura.
Y la quinta y definitiva era la siguiente:  ¿Que sensación hay mejor que gritar y enseñar la pechera tras vencer un combate?
En fin… Un juegazo, un clásico al que sigue  emocionante jugar hoy en día. Ha envejecido muy bien. El duelo, que originariamente se pensó entre dos personajes -Ken y Ryu- en un templo de la dinastía Ming, se convirtió allá por los inicios de los noventa, mientras caían las bombas americanas en Irak en nuestro gran entretenimiento.
PD: ¿Alguno más aparte de mi pensó entonces que la CHun Lí estaba muy buena y que le botaban los pechos al ganar? Yo a veces me dejaba ganar sólo para comprobarlo! Que queréis!!! tenía 13 años!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s